La concentración se realizó alrededor de Forever Marilyn, la famosa escultura de casi ocho metros de altura que reproduce una de las escenas más emblemáticas de la historia del cine: la de la película The Seven Year Itch (conocida en español como "La tentación vive arriba"), en la que la actriz se coloca sobre una rejilla del metro de Nueva York y una corriente de aire levanta su vestido blanco.
Para participar, los asistentes debían inscribirse previamente y pagar una cuota equivalente a unos 70 euros. Luego recibían un kit que incluía el icónico vestido blanco de cuello halter y falda plisada, una peluca rubia platino y una copa de martini. Un equipo de maquilladores y estilistas completaba el aspecto con lápiz labial rojo y el característico lunar sobre el labio.
Todos llevaban una pulsera con un código QR que permitió realizar el conteo final: 1.037 participantes.
Gabriela y Miguel, una pareja de actores de teatro, condujeron tres horas desde Los Ángeles para asistir al evento. "Celebraciones como esta ocurren una sola vez en la vida", comentó ella.
Para Gabriela, encarnar a la leyenda de Hollywood es "un recordatorio del poder que tenemos las mujeres cuando utilizamos nuestro cuerpo, nuestro talento y nuestra fuerza". Miguel, entre risas, resumió su motivación: "¡Me vestí así para entrar en el Guinness!".
Muchos hombres también participaron en la iniciativa, celebrada en una ciudad con una importante comunidad LGBTQ+. "Es pura diversión. Todavía transmite muchísima alegría", afirmó Toni, un hombre de 60 años llegado desde el estado de Misisipi. "Marilyn me recuerda las tardes en las que veía sus películas con mi abuela", explicó.
Monica Bowers, una californiana de unos 40 años, destacó el atractivo humano de la actriz: "Es una mujer con la que uno puede sentirse identificado. Tenía un lado juguetón y sensual, pero también profundidad emocional y vulnerabilidad".