Se cumplen ya nueve meses desde que la pandemia de Covid-19 llegó a sacudir al mundo entero. La industria musical fue la primera en caer y, seguramente, la última que podrá levantarse. Se vinieron abajo festivales, giras, lanzamientos de discos y un montón de compromisos agendados por las bandas en todo el planeta. En esta primera entrega de In-D me gustaría dar el “parte médico” de la escena musical independiente y de cómo se ha tenido que adaptar a estos nuevos tiempos llenos de incertidumbre a nivel mundial.
No es ningún secreto que la venta de discos dejó de ser negocio para las bandas desde hace más de dos décadas. Se ve ya lejana aquella década de los 90’s cuando la industria musical aún podía aspirar a generar billetes por medio de la venta de álbumes. El inicio del nuevo siglo/milenio trajo consigo la llegada de las plataformas digitales gratuitas para descarga de música, representando este el primer gancho al hígado de la escena musical. Sumado a esta nueva modalidad de consumir música se dio el boom de la piratería en nuestro país, misma que terminó de enviar a la lona a los que, hasta ese momento, habían disfrutado de las mieles que el mainstream musical ofrecía.
Los discos pasaron de ser el ingreso principal a ser una suerte de tarjeta de presentación para los músicos. La industria quedó acorralada y prácticamente comenzó a regalar las grabaciones con fines promocionales. Era momento de enfocarse en el nuevo pez gordo: los shows en vivo. Un concierto representa un caldo de cultivo perfecto para la mercadotecnia. No solamente se verá a la banda en cuestión sobre el escenario, alrededor está la venta de mercancía de la agrupación, la venta de bebidas alcohólicas y alimentos para los asistentes, el equipo encargado del audio e iluminación, por mencionar algunos. La industria musical había encontrado un refugio sustentable, un tanque de oxígeno que la mantendría viva por las dos décadas siguientes.
La aparición del Covid-19 a finales del año pasado puso nuevamente contra las cuerdas a todo lo que oliera a espectáculo. Ya no solamente era imposible aspirar a generar dinero con la venta de discos, ahora tampoco había manera de salir a tocar en los escenarios para obtener un ingreso. Si bien la opción de los conciertos vía streaming han servido como válvula de escape para la industria no existe punto de comparación con el arrastre de los conciertos masivos presenciales a los que estábamos acostumbrados.
Remar contra corriente es parte de la naturaleza de la industria musical, y particularmente de la escena independiente. No es una situación nueva para las bandas que se manejan por sus propios medios el tener que ir cuesta arriba. Esta vez la situación pinta mucho más escabrosa al estar maniatados y no poder vender música grabada ni tocada en vivo.
A pesar de haber caído a la lona la industria musical aún respira, hay alrededor del mundo un montón de músicos enclaustrados en sus salas de ensayo documentando esta nueva normalidad con música inédita. Toda la rabia, la incertidumbre, la desesperanza y la angustia ante el tsunami pandémico está siendo plasmado en las letras de los que serán los hits del inicio de una nueva década. Es responsabilidad de los artistas reflejar la realidad que les ha tocado vivir, es labor de los músicos de la tercera década del siglo XXI convertir este caos mundial en nuevo material sonoro y dejar testimonio de la sacudida a la que estamos siendo sometidos de polo a polo.
Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que los primeros meses de la pandemia resultaron bastante productivos en la cuestión creativa para la escena musical y es sólo cuestión de tiempo para que toda esa energía contenida salga a la luz. En el caso particular de la escena independiente potosina hay una interesante camada de bandas que están trabajando en sus respectivos laboratorios musicales, esperando el momento indicado para soltar el grito a los cuatro vientos y, cuando la situación lo permita, plantarse arriba del escenario para presentar los resultados de meses de trabajo. Además hay empresas como “Komunika”, encabezada por Humberto Delgadillo, que están enfocadas en la orientación de marketing especializada en bandas independientes y desde su trinchera trabajan día a día para impulsar el trabajo de la industria musical indie.
El león duerme y cuando despierte será imposible detener su furia. Hay debajo de esta tensa calma un volcán ansioso que espera el momento para hacer erupción y liberar toda la energía contenida por meses. Que no den a la escena indie por muerta, que no bajen el telón porque se está gestando en silencio una revolución musical sin precedentes.