In-D: Mensaje en la botella

El último párrafo de esta columna es un mensaje en la botella. Una de esas misivas que uno sabe que es poco probable que lleguen al remitente. Aún así lanzo a la inmensidad del océano este mensaje con la esperanza de que llegue a manos de alguien. Escribo estas líneas con la misma ansia del náufrago que corta de tajo el silencio de la isla desierta con un desesperado grito de auxilio.

Decidir dedicarse a escribir en un país donde el promedio de libros leídos anualmente por la población es de 3.4 es un suicidio laboral si lo comparamos con los 47 libros leídos anualmente por la población de Finlandia o los 43 libros leídos al año por los islandeses.

Aún así decidí lanzar la moneda al aire y aventurarme a lograr un modo de vida por medio de la escritura. Por si esto no fuera suficiente encontré una manera de complicar más las cosas: decidí que quería ser baterista. Doble suicidio laboral. Tuve que lidiar con esas cantaletas sociales del “Ok, pero… ¿En qué trabajas?”, “Seguro te vas a morir de hambre”, “Deberías buscar un empleo formal”.

No conforme con esto me las ingenié para aumentar el grado de dificultad de esta trampa que es la vida adulta. No solamente me dediqué a escribir, tampoco me bastó con aferrarme a sentarme en un banquillo para golpear tambores. Decidí que podía combinar estas dos actividades para ponerle el último clavo a mi ataúd financiero. No solamente me dediqué a escribir y tocar, sino que comencé a escribir sobre lo que sucede en la escena musical independiente. Un escritor que toca la batería y, además, decide escribir sobre música. Triple suicidio laboral.

Contra todo pronóstico jamás me faltó trabajo. No me morí de hambre ni tuve que esconderme del Señor Barriga cada día primero del mes. Renta, servicios, comida, chuchulucos y pachangas siempre pagadas en tiempo y forma. Parecía que me había salido con la mía. Todo eran risas y diversión mientras me regodeaba en mis laureles sin saber que se venía la tempestad. Llegó el fatídico Marzo de 2020 con su compa el Covid. Se acabó la fiesta, se acabaron los shows, se bajó el telón. Se acabó la morralla y se vino el encerrón.

La pandemia nos sacudió la cabeza a todos, nos obligó a dar un volantazo en nuestras vidas y a echar un vistazo hacia atrás para saber si estábamos en el camino correcto. Me enfrenté por primera vez en la vida al desempleo, a la angustia de no tener un quinto en el bolsillo. Me tuve que endeudar con bancos, familiares y amigos. Tuve que sacar monedas hasta debajo de las piedras y entender que esta vez la cosa iba a ser diferente. Siempre había hecho música para generar dinero, ahora tenía que generar dinero para poder seguir haciendo música.

La pandemia se llevó un montón de  cosas de mi vida pero también trajo muchas otras. Entre ellas esta columna dedicada exclusivamente a la escena musical independiente, a todas esas propuestas que se generan a lo largo y ancho de nuestro país y más allá de nuestras fronteras.

Lograr abrir ese espacio en un medio cuya sección de espectáculos es acaparada por el lío legal entre Pau Rubio y Colate o la cobertura del último pancho de Carmen Campuzano ciertamente no fue fácil. Me atrevo a decir que, por primera vez, la escena indie tenía un sitio digno en un medio de comunicación no especializado en música.

No lo digo alzándome el cuello ni echando mano de falsos triunfalismos. Porque este logro, al igual que muchos que han conseguido otros colegas músicos, son solo un grano de arena para poner la música independiente en el sitio que merece. Con esfuerzos individuales, pero enfocados en un objetivo común, las miradas se volcarán sobre lo que está generándose dentro de la escena independiente.

La vida me ha permitido experimentar la música desde muchas aristas. No solamente desde el banquillo de baterista, también como poster boy en mi adolescencia cuando caminaba calles enteras pegando carteles de los toquines de los que ya estaban consolidados en el circuito indie. He vivido la música también como socio de un bar que buscó darle un escenario digno a todos los que se la parten componiendo, grabando, mezclando y distribuyendo su propia música.

Ahora me toca luchar desde la trinchera de la prensa buscando que, de una vez por todas, las miradas se pongan sobre las propuestas musicales independientes. Contar con este espacio para gritarle al país entero que la escena está más viva que nunca y que hace falta mucho más que una pandemia para detenerla es un gran logro. No mío, sino de todos, porque los triunfos obtenidos por cualquiera que defienda la escena indie es un logro de la escena per se. Porque en la escena hay que entender que cuando uno gana ganamos todos y la única manera de que el movimiento tome más fuerza es comprender que todos jugamos para el mismo equipo.

He vivido de la música y para la música. He llorado con y por la música. Me he emborrachado con y por la música. Ahora busco devolverle un poco de lo mucho que me ha dado. Es por eso que el último párrafo de esta columna es un mensaje en la botella y, al igual que el náufrago que espera que su mensaje llegue a buenas manos, yo espero que los nombres de aquellos con los que he coincidido en el camino musical sean escuchados. Que alguien decida escarbar y descubrir el trabajo de ingenieros de audio, músicos, managers, medios de comunicación, estudios de grabación, venues y todo aquél con el que he podido compartir un escenario, una gira, una borrachera de backstage o una sesión de grabación.

Santos Woge, Catching Planes, Genitallica, Phyzh Eye, Los Shamanes, Tito Fuentes, Los Demás, Pato Machete, Proyecto Darko, Coda, Azul Violeta, Gus Santana, Rolling Stone México, Kudai, Komunika, La Glotonería, QBO, Ojos, J.L. Sandoval, Clei Lingam, Dave Shaman Juárez, Tonio Ruiz, Estación Wadley, DHA, Yola Bear, Cuarta Terra, Alis Emerson, Bunker Concert Hall, Allison, Los Acosta, Chaya, Del Desierto, Fer Charó, K.O.lateral, Intrinsic Souls, David Cossio, Tu Mamá, Rockabilly Rebel Bar, Pelos Irurzo, Pulso,  Humberto Delgadillo, Levith Vega, Chetes,  Agente 33, Ratta Rodríguez, Real Stylo, Los Pacha, Dany Zárate, TV Azteca, Johnny Duvel, Café Iguana, Aural Studio, Rayo Records, Nómada, Rodo Castillo, Dellag, EXA, El Clan Records, Canelo Inn, Soca, Fer Sanders, Mayk Hidalgo, Karina Colis, Rubén Larregui, Nerd Electro, Agora, David Iniguez, Tush, Predador, Omar Pérez, Nuno, Alan Hernández, Pelon Wey, Pamalanga, Hikury Beach, Fer Nuñez, Omsis, DrekGo, Argonautas de Terciopelo, Cosh, Abel Castillo, David Pérez, Eddie González, Ruido Rosa, Noyz, Camilo Séptimo, Aria Infuriata, ILDEIVA, Mexican Walker, Elvis Batchild, Dianne Torres, Un León Marinero, Comanchet.

Gracias, porque aunque el mundo se caiga a pedazos ustedes mantienen viva la música.