Sencillos ritmos de electrónica y dinámicas coreografías interpretadas por multitudinarias formaciones de jóvenes uniformados, conocidos como “idols”, son los ingredientes del “k-pop”, el pop surcoreano que es un fenómeno mundial de fans, que ayer recibió con gran expectación el primer tema en solitario de Jungkook (BTS).
Originada a principios de los años noventa por la fusión de la música popular coreana con las influencias de la industria estadounidense, este estilo musical de creciente popularidad entre la generación z ha conquistado las listas de éxito occidentales con grupos como Blackpink, Seventeen o los mundialmente idolatrados BTS.
El próximo 22 de julio el estadio Metropolitano de Madrid acogerá el KPop Lux, considerado el “mayor festival de k-pop del mundo”, que se prevé atraiga a unas 45.000 personas y contará con un mínimo de seis bandas, entre las que destacarán el sexteto femenino Ive, Enhyphen o Ateez, que ya visitaron la capital a principios de este año y en 2020.
La influencia del k-pop se ha extendido hasta la última Semana de la Moda parisina el pasado enero, donde, como antaño se hiciera con artistas de Hollywood o “influencers”, se vio a estrellas de diversas formaciones. Así, Enhypen, EXO, NCT, Seventeen o BTS pudieron ser fotografiados como asistentes a desfiles de marcas como Prada, Dior o Chanel.
No obstante, la industria musical surcoreana posee también su reverso oscuro: el carácter comercial de estas formaciones las convierte en productos surgidos de exigentes procesos de selección y entrenamiento. El suicidio de artistas en torno a la veintena como Moonbin (del grupo Astro), de Jonghyun (Shynee) o de Goo Hara (Kara) ha alarmado a los clubs de fans.