El puño de una manga, una mano borrosa o una cremallera sin alinear, son tres elementos que han bastado para determinar que la foto que la princesa de Gales compartió por sus redes sociales había sido retocada y, al mismo tiempo, para recordar la creciente necesidad del periodismo y la verificación.
En medio de las especulaciones generadas sobre la salud de Catalina, operada el 16 de enero de una cirugía abdominal de la que la casa real no ha dado más detalles, la imagen difundida por el Palacio de Kensington logró “el efecto contrario” al de reducir la desinformación, dijo a EFE el periodista y verificador de Thejournal.ie Shane Raymond.
Después de darse cuenta de que la imagen de Catalina y sus hijos había sido manipulada, en la noche del pasado domingo, varias agencias gráficas internacionales comenzaron a eliminarla de sus servicios.
Tras difundirse la esperada fotografía tras más de un mes sin imágenes oficiales de Catalina, desde las redes sociales varias personas advirtieron las incongruencias en el retrato, sometido incluso a un mayor escrutinio del habitual por la incertidumbre que rodeaba la situación de la princesa.
Para el profesor de Periodismo y Comunicación de Masas en la Universidad de Wisconsin y colaborador en el Instituto de Empresa Lucas Graves, lo más interesante del caso es que la verificación se inició en las redes.