MADONNA ROMPIENDO MOLDES

SU OBJETIVO AL LLEGAR A LA MÚSICA HACE CUATRO DÉCADAS, FUE DEMOSTRAR SU VALÍA COMO CANTANTE Y UNA IMAGEN DESCARADA

MADRID. - La llegada de Madonna a la música hace cuarenta años supuso una ruptura con los cánones establecidos y su objetivo era, además de demostrar su valía como cantante, exhibir una imagen rompedora, descarada, de extremos, a lo largo de toda su carrera.

Gucci, Alexander Wang, Givenchy, Dolce&Gabanna, Jeremy Scott, Arianne Phillips y su querido Jean Paul Gaultier han construido, reinventado y pulido una imagen capaz de estar a la altura de sus deseos y del escándalo desde que un día como hoy publicara su primer álbum.

Su música se ha vendido tanto por su talento como por el estrépito que causaban sus vídeos y las fotografías de Feingold, Peter Cunningham y George DuBose que sirvieron para fijar una idea siempre de renovación y transgresión.

Cuando en 1983 sacó su primer álbum “Madonna”, lucía una estética pseudopunk con el pelo alborotado, camisetas caladas que dejaban al descubierto la ropa interior y pendientes excesivos de los que pendían cruces religiosas.

Poco después, se convirtió por obra y gracia de un buen tinte en la Marilyn de la música. Su cabello corto, rubio platino y un estratégico lunar hicieron el resto.

“Blonde Ambition World Tour” fue “la gira”. Si había alguien en el planeta que no la conociera dejó de existir cuando apareció con un corsé de pechos cónicos de Jean Paul Gaultier.

Otra de las imágenes más controvertidas fue del vídeo de la canción “American Life” -que llegó a retirar- por su contenido bélico y crítico con Estados Unidos, en el que aparecía con ropa militar y lanzando una granada contra un personaje con un gran parecido al presidente estadounidense, George W. Bush, quien la toma y se enciende un puro, justo durante la intervención armada de Estados Unidos en Irak.

En 1989, la iglesia católica la consideró “blasfema” por sus imágenes en el vídeo “Like a Prayer”, en el que aparecía con ropa sugerente rezando frente a la imagen de un hombre negro.

Su gusto por los trajes de flamenca y los de torero en distintas ocasiones ha sido habitual. 

Su estética y su deseo de que el tiempo no se refleje en su rostro es también motivo de comentarios, a los que ella reacciona desde sus redes sociales acusando a quienes la critican. Fue de las primeras en ponerse carillas de oro y diamantes en los dientes y en llevar transparencias cuando nadie lo hacía.

“Nunca me he disculpado por ninguna de las decisiones creativas que he tomado ni por mi aspecto o mi forma de vestir y no voy a empezar a hacerlo”, escribió no hace mucho en sus redes sociales.