“Milagro andante”

La actriz y esposa de Will Smith contó que su juventud estuvo muy marcada por el consumo excesivo de alcohol

Ciudad de México. - En los últimos años, la actriz Jada Pinkett Smith —esposa del actor Will Smith— se ha hecho más famosa por su faceta como entrevistadora que por sus papeles en el cine y la televisión, ya sea delante o detrás de las cámaras. Pinkett Smith tiene programa de entrevistas “Red Table Talk” (la charla de la mesa roja), por el que han pasado Hayek, Kevin Hart o Paris Jackson, pero también psicólogos, doctores, sexólogos o coaches para tratar asuntos de interés general.

El programa lo presenta junto a su madre, Adrienne Banfield-Joes, y Willow Smith, la hija de Jada y Will Smith, de 20 años, y en él se hacen muchas confesiones. Y fue Jada quien se abrió en canal para hablar de sus problemas de adicción, sobre todo al alcohol, pero también a las drogas. Al hilo de una noticia que daba a conocer que, por primera vez desde que hay mediciones, las mujeres consumían tanto alcohol como los hombres, explicó que ella había sufrido a causa de esta adicción, tanto que a día de hoy se llega a considerar “un milagro andante”.

“Para mí, beber vino tinto era como beberme un vaso de agua”, contó. “Me acostumbré a lo fuerte. Bebí mucho alcohol en el instituto, y cuando salí de él, pasé a mezclarlo todo. Así que éxtasis, alcohol, marihuana... Déjame decirte que me lo estaba pasando bastante bien”. 

“Tuve que tener cuidado, porque, aunque dicen que el vino tinto es bueno para la salud, para mí era como agua. Estaba tan acostumbrada a beber cosas fuertes...”.

Las adicciones no son nuevas en su familia. De hecho, su madre también pasó por una época de adicciones, y su padre murió a causa de sobredosis en 2010. 

“No estaba haciendo nada que pensara que fuera adictivo”, explicaba. “Pero mezclaba esas tres cosas juntas, ese era mi cóctel. Tu umbral se vuelve tan alto que lo que tienes que tomar para llegar hasta donde quieres llegar... a mí me costaba dos botellas. Y era como: ‘Vale, si tomo éxtasis, marihuana y alcohol a la vez, voy a lograr llegar antes y a mantenerme colocada”, contaba la presentadora. También reconoció que era una bebedora “de atracones” que no consumía apenas durante la semana pero que pasaba los fines de semana en fiestas eternas. 

Los ojos se le abrieron en 1996, en el rodaje de “El profesor chiflado”.  “Fui a trabajar colocada y con una tanda mala de éxtasis. Me desmayé y le conté a todos que debía de haber sido medicina caducada. Pero saqué fuerzas y me planté en el set de rodaje. Fue la última vez”.