Pese a la confusión, Leibovitz abrazó al policía del museo y posó con él para la prensa, para después él entendiera que había que abrir la puerta para el recorrido y buscara entre sus "500 llaves", como dijo en broma, y finalmente abrir la sala. Entre empujones y corretizas, la prensa se acomodó para escuchar a Leibovitz. "Yo habría hecho lo mismo que ustedes", dijo la fotógrafa, con un tono de complicidad, a la prensa que prefirió subirse a las bancas del museo para alcanzar a fotografiarla.
Una vez ya en la sala, la fotógrafa presentó su nuevo trabajo sobre futbol. No le es ajeno el tema, pues hizo la campaña del Mundial de Futbol de 1986, que fue en México. Sólo que en esta ocasión no quería usar modelos, sino a los verdaderos futbolistas que representarán a la selección mexicana.
"No me interesan los modelos, me interesa la gente", explicó. "Batallamos para rastrear a los jugadores, así que regresaremos", comentó. Momentos antes, durante la conferencia de prensa, dijo sentirse "un poco avergonzada" porque la serie aún no alcanzaba el resultado que quiere, le faltaron jugadores por fotografiar y por lo tanto dijo que seguirá trabajando en ella. Incluso detalló que le interesa asistir a algunos partidos para fotografiar a los fans en las tribunas.
Lejos del glamur que acostumbra para las sesiones de fotos que Leibovitz publica en revistas como "Vogue" y "Vanity Fair", pues para la ocasión retrató a los jugadores en canchas llaneras, que dijo encontraron tras estar buscando en carreteras. El concepto de la sesión de fotos surge de un "retrato" que le hizo a Pelé en 1981, que en realidad es una fotografía de los pies del emblemático deportista, en lodo.
"Le estaba haciendo el retrato, pero su patrocinador no me dejó fotografiarlo en sus zapatos viejos, tenía que ser en los nuevos. Entonces Pelé, muy amable y diplomático, me dijo 'sabes, no debo usar zapatos. Cuando era niño, jugaba descalzo'. Se quitó los zapatos y lo fotografié. La National Portrait Gallery, en Washington, no quiso esta foto, porque me dijo que no era un retrato y les dije que sí era. Cuando vine a México, no quería fotografiar en los estadios, busqué un campo que estuviera en la carretera", contó Leibovitz.