Apreciable lector, el 18 de octubre de 2009 inicié un proyecto que consistió en publicar un poema cada semana en este diario. Han transcurrido más de doce años y, con una que otra interrupción, El Pulso publicó algo así como 600 de mis poemas, digo poemas sin tener la certeza de que lo sean. Agradezco enormemente a quien se haya tomado el tiempo para leer alguno de ellos. Después de tantos años se impone una pausa en este ya viejo hábito de ofrecer un poema semanal en el periódico. Descansaré un poco, procuraré reunir nuevo material para reanudar con esta extraña columna de poesía y volveré si se da la oportunidad de hacerlo nuevamente.
Pero ¿Por qué publicar poesía en un periódico? El cerebro está constituido como un tejido, una red compleja de conexiones neurales que nos sirven para experimentar, conocer y organizar eso a lo que llamamos realidad, todo ser vivo es un proceso cognitivo más o menos complejo. El mecanismo o código con el que el cerebro funciona es el lenguaje, las señales, los signos y los símbolos. En efecto, el lenguaje es un instrumento creado para entender, conocer y organizar la realidad, con el lenguaje creamos mapas que favorecen, o perjudican, nuestra relación con el mundo, una estructura cognitiva es una reproducción mental de la cosa, de la realidad y nos sirve para desenvolvernos con éxito en ella, o fracasar en el intento. Sin embargo, sobre todo en las últimas décadas, hemos creado una visión decadente, violenta, chata, cutre. Nuestra concepción axiológica está distorsionada, de cabeza, la cultura occidental, el pensamiento dominante, hace agua por todos lados, las luces del siglo se apagan una por una, la anomia se apodera de las almas, lealtad y traición parecen ser las caras de una misma moneda.
Ante la destrucción como objetivo y el poder como valor, parece que la poesía puede apostar por algo y ese algo empieza por la creación de un lenguaje nuevo, uno que, a manera de espejo, construya un absurdo para deshacer el absurdo, generar un no lenguaje, clavar enigmas filosos en el cuerpo de un discurso que se ha visto incapaz de servir a otros fines que no sean los del poder, la discriminación y la guerra. Sé que la poesía, el poema, no tienen la misión, ni es sano que la tengan, de salvar al mundo, la poesía para nada sirve, tal vez sólo sería útil para destrabar las trampas del sentido, para romper el discurso lineal y lógico y abrir la posibilidad de otros sentidos y otros mundos posibles. El poema nada quiere decir, no son cartas, no importa lo que el escritor quiso decir, importa lo que el lector descubre por sí mismo, el poema nada dice, sólo abre agujeros en el discurso para develar lo desconocido o lo reprimido. Ésta fue mi intención con este ejercicio que hoy suspendo de manera temporal, no escribo poemas, fabrico acertijos, oráculos, glosolalias, alebrijes, adivinanzas, se trata de romper, desarmar, frases y oraciones para construir con los pedazos otras frases, absurdas, extrañas, feas, se trata de disecar el discurso para mostrar sus entresijos, sus vísceras, su sangre.
Reitero mi agradecimiento a los lectores, si los hay, les dejo mi saludo sincero y les digo hasta luego, nos veremos, seguro, más adelante, que tengan paz.