Uno de los detalles más especiales de esta historia ocurrió cuando la obra estuvo terminada, la actriz estaba preocupada por cuánto tendría que pagarle al muralista, pues en ese momento tenía importantes gastos debido a la construcción de su casa.
El arquitecto Manuel Rosen Morrison fue quien la animó a solicitar ese cuadro, aún sin saber en cuanto le iba a salir.
"Mi arquitecto me dijo ve a que te pinte, le dije 'nombre estás loco ¿cuánto me va a costar¡'; 'no te preocupes, vamos, yo lo quiero, el maestro me quiere mucho y al final hacemos cuentas y no te va a cobrar nada que no puedas pagar'", recordó Silvia.
Finalmente fue un regalo, el mejor que Pinal pudo recibir, recordó:
"Así fue, no me cobró, y fue el mejor regalo que me pudo haber dado".
Rivera decidió regalarle el retrato que le entregó formalmente el 3 de noviembre de 1956, fecha en la que Silvia celebraba su santo. Para la diva del cine mexicano fue un deleite estar cerca de Diego mientras la pintó.
"Fue un placer posar para él, todo lo que me platicaba, todo lo que me decía a mí me asustaba mucho porque me decía cosas muy fuertes: descubrí una persona que pocas veces he tenido en mi vida, una persona así con esa riqueza, con esa simpatía y con ese talento", expresó.
La pintura adquirió un enorme valor artístico y económico, actualmente se estima que alcanza un precio de alrededor de 3 millones de dólares, equivalentes a más de 60 millones de pesos, y está considerada patrimonio nacional, por lo que no puede comercializarse libremente ni salir del país sin los permisos correspondientes.