La llegada de un recién nacido suele asociarse socialmente con periodos de plenitud y alegría. Sin embargo, la realidad clínica para muchas mujeres es distinta.
Factores de riesgo detrás de la inestabilidad emocional perinatal
De acuerdo con investigaciones publicadas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en su espacio de divulgación UNAM Global, la depresión perinatal (la cual abarca tanto el periodo de gestación como el posparto) constituye un serio problema de salud pública que con frecuencia pasa desapercibido debido a la estigmatización y a la falta de diagnósticos oportunos.
La manifestación de este trastorno no responde a una única causa biológica, sino a una compleja red de elementos psicosociales y del entorno. Según expone la doctora Laura Ramos Languren, académica de la UNAM, existen condicionantes críticas que elevan de manera significativa la vulnerabilidad de la madre:
· Presión y temores internos: Sentimientos constantes de no encontrarse preparada o preparado para la crianza, acompañados del miedo persistente a asumir el rol materno.
· Dinámica social y económica: Presencia de factores altamente estresantes, tales como la inestabilidad en la relación de pareja, la escasez de recursos económicos domésticos y la violencia intrafamiliar.
· Aislamiento y falta de apoyo: La ausencia de una red de acompañamiento en el núcleo familiar y la falta de acceso a servicios médicos de calidad.
La investigadora subraya que también existen variables que actúan como protectores (los cuales disminuyen las probabilidades de desarrollar el cuadro depresivo), destacando entre ellos un mayor nivel de escolaridad, la participación activa y equitativa de la pareja, y la seguridad financiera en el hogar.
Indicios para identificar la depresión posparto a tiempo
El diagnóstico temprano se complejiza porque la sociedad (e incluso las propias pacientes) suele normalizar el cansancio o la melancolía adjudicándolos únicamente a los rigores del embarazo y el puerperio. No obstante, de acuerdo con los criterios del Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos (recopilados en el informe universitario), es vital vigilar la aparición de comportamientos específicos:
· Estado de ánimo persistentemente triste, vacío o ansioso durante las semanas posteriores al nacimiento.
· Irritabilidad constante, baja tolerancia a la frustración y episodios de llanto sin motivo aparente.
· Sentimientos persistentes de culpa, inutilidad o incapacidad estructural para vincularse de forma afectiva con el bebé.
· Alteraciones severas en los hábitos de sueño (insomnio recurrente aun cuando el infante descansa o hipersomnia) y fluctuaciones drásticas en el peso corporal.
· Dudas obsesivas respecto a la aptitud para cuidar del menor, acompañadas de ideas nocivas sobre hacerse daño a sí misma o al infante.
La intervención de los profesionales resulta imprescindible. Los especialistas de la UNAM hacen énfasis en la necesidad de "ir quitando estigmas" sociales, permitiendo que la madre exprese sus inquietudes y reciba el soporte de su entorno familiar para propiciar un desarrollo pleno tanto en su faceta maternal como profesional.