"El problema es que nosotros no pensamos en seguridad todo el tiempo, pero para los atacantes esa es su forma de vida. Ellos investigan, prueban y perfeccionan sus ataques constantemente", explicó el especialista, al subrayar la desventaja en la que se encuentran las y los usuarios.
Esta asimetría no solo incrementa la vulnerabilidad individual, sino que también abre la puerta a afectaciones colectivas, donde una sola persona puede convertirse en el eslabón más débil de toda una red, institución o comunidad.
Uno de los principales riesgos, advirtió Bustio, es la falsa sensación de seguridad. Pensar que "a mí no me va a pasar" es, en realidad, el primer paso para ser víctima de un delito digital. "Siempre que terminamos pensando que no somos importantes, ya estamos perdiendo la batalla".
El académico subrayó que los ataques no necesariamente buscan a figuras públicas, sino a personas comunes que forman parte de estructuras más amplias, lo que facilita el acceso a información, sistemas o contactos más valiosos.
El feminicidio de Edith Guadalupe en la Ciudad de México, tras responder a una oferta laboral falsa en internet, evidenció que los riesgos digitales pueden tener consecuencias fatales en el mundo físico. Para Bustio, este caso también refleja una idea equivocada: confiar en que las autoridades podrán prevenir estos delitos desde su origen.
"Es fantasioso pensar que alguien nos va a cuidar en el entorno digital. Si yo no me cuido, nadie me va a cuidar", sostuvo, al precisar que el papel del Estado es generar marcos legales, pero no sustituir la responsabilidad individual.
Las estafas a partir de ofertas falsas no son nuevas, pero sí más peligrosas. El especialista recordó el libro "La cuchilla", donde un personaje crea una vacante ficticia para eliminar a su competencia laboral, una lógica que hoy se replica en el entorno digital con mayor alcance y sofisticación.
Más allá de los casos extremos, el problema central es de percepción. La sociedad sigue viendo lo digital como un espacio secundario, cuando en realidad ya es el principal entorno de interacción humana.
"El mundo digital cada vez tiene más relevancia que el mundo físico. Si no lo aceptamos, ya estamos en desventaja", concluyó.