Pasión mundialista tiene explicación científica

Vestir colores nacionales y celebrar en grupo fortalece la identidad colectiva durante el Mundial.

La euforia, los gritos, los abrazos entre desconocidos y las reacciones desbordadas que acompañan a los triunfos o derrotas de las selecciones nacionales durante la Copa Mundial de la FIFA 2026 tienen una explicación neurobiológica que pasa por la corteza prefrontal, región cerebral encargada del control de impulsos, la regulación emocional y la toma de decisiones.

Así lo explicó Hugo Sánchez Castillo, investigador del Laboratorio de Neuropsicofarmacología y Estimación Temporal de la Facultad de Psicología de la UNAM, quien señaló que este fenómeno colectivo permite que los aficionados se identifiquen profundamente con su equipo nacional y actúen como parte de una misma entidad social.

Detalló que la corteza prefrontal, ubicada detrás de la frente en la parte anterior de los lóbulos frontales, funciona como el centro ejecutivo del cerebro y es responsable del pensamiento complejo, la personalidad, la regulación emocional y el control de conductas.

Aunque las personas no pueden igualar las habilidades deportivas de los jugadores, sí pueden compartir otros elementos simbólicos, como portar la camiseta nacional, vestir los colores del país o participar en celebraciones colectivas. Estas acciones favorecen procesos de empatía e identificación con el representativo nacional.

"¿Cómo reconoces a los aficionados alemanes, a los noruegos, a los mexicanos? Porque vienen vestidos con los colores de su nación", ejemplificó.

De acuerdo con el universitario, vestir los colores patrios representa un proceso en el que la individualidad pasa a segundo plano para dar paso a una identidad colectiva. Los aficionados dejan de percibirse únicamente como individuos y se integran emocionalmente a una masa representativa de su país.
Esta identificación se relaciona con la empatía, una capacidad cognitiva que permite alinearse emocionalmente con otras personas. En el caso del futbol, los seguidores llegan a sentir que forman parte del equipo que los representa.
"La empatía que genera conduce a la identificación; toca una fibra sensible porque está vinculada con la idiosincrasia y la nacionalidad", destacó.
Sánchez Castillo explicó que durante estos eventos masivos puede registrarse una disminución de la actividad de la corteza prefrontal, lo que reduce temporalmente algunos mecanismos de regulación de la conducta.
Por ello, acciones que normalmente serían inhibidas pueden manifestarse con mayor facilidad en el contexto de un partido. Gritar en espacios públicos, cantar junto a desconocidos o celebrar efusivamente son ejemplos de comportamientos favorecidos por esta identificación colectiva.
"En el partido de futbol de México se da la mimetización, disminuye la actividad de la corteza prefrontal cuando las personas se identifican unas con otras y de repente están gritando frente a todos en una situación que antes no harían", expuso.
El investigador indicó que este proceso neurobiológico puede generar experiencias positivas, como la liberación de estrés y ansiedad, además de fortalecer sentimientos de pertenencia y fraternidad entre personas que nunca antes habían tenido contacto.
Sin embargo, advirtió que la sobre identificación y la pérdida temporal de la individualidad también pueden propiciar conductas que se salgan de control, debido a la reducción del funcionamiento de las estructuras cerebrales encargadas de regular el comportamiento.
A pesar de ello, estos episodios dejan una huella emocional duradera. Una vez concluido el torneo, la experiencia permanece en la memoria colectiva y alimenta la expectativa de volver a vivir momentos similares en futuras competencias.
"Cuando concluye el evento que nos sincronizó se queda en nuestra memoria y esperamos la siguiente Copa para volver a vivir esa situación de identificación", concluyó.ndialista tiene explicación científica