En este contexto, la higiene digital cobra especial relevancia. Carlos Tlahuel Pérez, coordinador de Seguridad de la Información de la Dirección General de Cómputo y de Tecnologías de Información y Comunicación de la UNAM explicó que se trata del conjunto de buenas prácticas que permiten mantener la información segura y los dispositivos en funcionamiento, incluso sin ser especialistas en tecnología.
Actualmente, señala, gran parte de la vida personal, académica y laboral se encuentra almacenada en computadoras y teléfonos móviles, lo que los convierte en objetivos atractivos para fraudes, robo de identidad y ataques informáticos.
El especialista de la UNAM detalló que la protección digital se basa en tres pilares: confidencialidad, integridad y disponibilidad. Es decir, que la información sólo sea accesible para personas autorizadas, que no pueda ser modificada sin permiso y que esté disponible cuando se necesite. Cuando alguno de estos elementos falla, advierte, aumenta la vulnerabilidad de los usuarios.
Aumento de fraudes digitales
Los riesgos no son menores. Según datos de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), al cierre de 2023 las quejas por fraudes cibernéticos crecieron 20.1% respecto a 2022 y representan el 71% del total de fraudes, una proporción que ha ido en aumento en los últimos años.
Entre las prácticas que incrementan estos riesgos se encuentran el uso de contraseñas débiles o repetidas, la descarga de software ilegal, el intercambio de dispositivos o memorias USB sin precaución y el ingreso de datos personales en sitios poco confiables. Tlahuel Pérez advierte que, en el caso del software pirata, el peligro es mayor, ya que puede contener códigos maliciosos diseñados para espiar la actividad del usuario o sustraer información sin que éste lo perciba.
Otro punto crítico es el uso de redes wifi públicas. El especialista de la UNAM señaló que, al conectarse a estas redes, los datos pueden viajar sin protección y quedar expuestos a terceros. Por ello, recomendó evitar realizar operaciones sensibles, como transacciones bancarias o el envío de información personal, mientras se utiliza este tipo de conexión.
Hábitos para reducir fraude
Para reducir riesgos, el universitario sugiere adoptar hábitos básicos de higiene digital, como mantener actualizados los sistemas operativos y aplicaciones, instalar antivirus y firewalls, descargar programas únicamente de fuentes oficiales, utilizar contraseñas robustas de más de 12 caracteres y activar la verificación en dos pasos. Aunque estas medidas no garantizan una seguridad absoluta, sí dificultan los accesos no autorizados.
Finalmente, Tlahuel Pérez subrayó que la higiene digital no es sólo una responsabilidad individual, ya que cada persona forma parte de una red más amplia, como familia, amistades o comunidades académicas. En ese sentido, una filtración puede afectar a terceros, por lo que recomienda segmentar la vida digital, realizar respaldos frecuentes y almacenar únicamente la información necesaria en los dispositivos.
En un entorno cada vez más conectado, concluyó, la higiene digital se ha convertido en una forma de autocuidado y responsabilidad colectiva.