Durante la temporada de lluvias se vuelve más frecuente tener que secar la ropa en interiores, lo que puede tardar más horas de lo normal —pues hay menos circulación de aire y luz de sol directa—.
Es importante no guardar la ropa limpia a menos de que esté totalmente seca. Una prenda húmeda puede provocar que las de alrededor se impregnen del olor. Asimismo, no se deben guardar chamarras u otras piezas que se mojaron con las precipitaciones.
Puedes colocar pequeños recipientes o saquitos con absorbentes de humedad naturales dentro del closet, como arroz, bicarbonato de sodio, gis o carbón. Cámbialos con frecuencia para que continúen removiendo el olor a humedad.
En caso de que el olor persista en ropa recién lavada, se recomienda efectuar el lavado nuevamente, agregando bicarbonato de sodio, vinagre blanco y/o agua caliente.
El vinagre desodoriza y suaviza la ropa, eliminando también las bacterias que causan el mal olor, y su aroma desaparece al secarse. Por su parte, el bicarbonato de sodio combinado con el detergente para ropa normal, potencia la eliminación de olores.
Asimismo, si la tela de las prendas lo permiten, se pueden lavar a temperaturas altas, de 60 a 90 grados centígrados. El agua caliente ayuda a matar al moho u otros hongos microscópicos.