Una silla abandonada al borde de un baldío fue el detonante de Anatomía de lo habitado, el proyecto más reciente de la artista visual Monserrat Escudero.
Lo que comenzó como una observación recurrente durante sus recorridos cotidianos por colonias periféricas terminó por convertirse en el eje simbólico de una exposición y un poemario ilustrado que exploran el abandono, el desplazamiento y la búsqueda de autonomía, y puede ser visitada en la Biblioteca Central del Estado.
Escudero explica que la silla ha estado presente en distintas etapas de su producción artística. En un inicio representaba la ausencia, la espera y el vacío. Con el tiempo, el símbolo se transformó. La artista dejó de observarla únicamente como un objeto externo para reconocerse en ella.
Desde esa perspectiva, la silla dejó de ser mobiliario para convertirse en una metáfora de las personas que han sido desplazadas, rechazadas o colocadas fuera de los espacios de pertenencia. “la silla… representar la ausencia, la espera y como el vacío”, señala. Con el tiempo, el objeto dejó de ser externo para volverse parte de su propia identidad: “ahora yo siento que soy esa silla”.
LA PERIFERIA COMO TERRITORIO DE OBSERVACIÓN
El proyecto surgió durante un periodo de bloqueo creativo que se extendió por varios años. Hace aproximadamente un año, Escudero retomó la escritura y comenzó a registrar pensamientos, emociones y observaciones derivadas de sus trayectos diarios entre su hogar y su lugar de trabajo, ambos ubicados en zonas periféricas de la ciudad.
En esos recorridos encontró paisajes marcados por terrenos baldíos, construcciones inconclusas, vías ferroviarias y acumulaciones de objetos desechados. La constante presencia de sillas abandonadas llamó su atención, pero también lo hizo una realidad más amplia: el abandono de ciertos sectores urbanos.
Para la artista, estos espacios reflejan una forma de exclusión que no solo afecta a los objetos o a la infraestructura, sino también a las personas que habitan esos territorios.
ESCRITURA, IMAGEN Y PROCESO CREATIVO
Aunque Anatomía de lo habitado representa la primera publicación escrita de Escudero, la artista asegura que la poesía y la imagen nunca fueron procesos separados. Desde el inicio, ambas disciplinas se desarrollaron de manera simultánea.
Los textos surgieron a partir de observaciones realizadas durante sus recorridos, mientras que pequeños bocetos acompañaban la escritura. Con el tiempo, muchos de esos apuntes visuales evolucionaron hasta convertirse en piezas que forman parte de la exposición.
LO ÍNTIMO COMO
EXPERIENCIA COLECTIVA
Uno de los aspectos centrales del proyecto es la manera en que experiencias personales se transforman en una propuesta artística abierta al público. Escudero reconoce que gran parte de su obra es autorreferencial y que sus procesos creativos suelen estar asociados con experiencias emocionales y personales.
En ese sentido, el arte funciona para ella como una herramienta que le permite expresar aquello que resulta difícil nombrar en otros espacios. A través de la escritura y la producción visual, experiencias relacionadas con la exclusión, el rechazo y ciertas dinámicas familiares encuentran una vía para ser compartidas.
Sin embargo, la artista busca que la obra trascienda lo autobiográfico. Aunque el proyecto parte de vivencias personales, su intención es abrir una reflexión sobre situaciones que afectan a muchas otras personas.
EL BALDÍO COMO ESPACIO POLÍTICO
El baldío ocupa un lugar central, lejos de ser presentado únicamente como un espacio de deterioro o abandono, aparece como un territorio de observación, contemplación y posibilidad.
Escudero presenta estos lugares como espacios desde donde es posible mirar críticamente el entorno y reflexionar sobre las estructuras sociales que producen exclusión. Para ella, el abandono visible en ciertos sectores urbanos está relacionado con dinámicas más amplias que también se reproducen en ámbitos familiares y comunitarios.
EL ARTE COMO FORMA DE ENUNCIAR
La dimensión política de la exposición no surge únicamente de los temas que aborda, sino también del acto mismo de hacerlos públicos. Escudero reconoce que enfrentó sentimientos de vergüenza al saber que experiencias íntimas formarían parte de una exhibición abierta al público.
Aun así, considera que el arte ofrece una herramienta para nombrar aquello que con frecuencia permanece silenciado. Más que formular una crítica abstracta, su interés radica en evidenciar situaciones que forman parte de la vida cotidiana pero que suelen normalizarse o permanecer invisibles.
“Mi obra es autorreferencial, entonces yo veo el arte como una herramienta para poder acabar de decir lo que de pronto no puedo expresar”, afirma la artista. En ese proceso, la creación funciona como un cierre simbólico: “el arte es como ese punto final”.
RECONSTRUIRSE DESDE LA PALABRA
Aunque el poemario toma temas relacionados con la ausencia, la exclusión y el abandono, la artista no considera que la obra permanezca únicamente en esos registros. Para ella, existe también una dimensión ligada a la reconstrucción.
La posibilidad de nombrar experiencias difíciles, compartirlas y encontrar a otras personas que han atravesado situaciones similares forma parte del horizonte que propone Anatomía de lo habitado. En ese proceso, recuperar la propia historia se convierte en una forma de autonomía.
La esperanza aparece entonces no como una negación de las heridas, sino como la posibilidad de reconstruir lazos, generar comunidad y ocupar un lugar propio fuera de las estructuras que antes definían la identidad de las personas.
En Anatomía de lo habitado, las sillas abandonadas dejan de ser residuos urbanos para convertirse en testimonios de permanencia. Desde los márgenes de la ciudad, la obra invita una reflexión sobre aquello que se desecha, aquello que permanece y las formas en que los individuos recuperan su voz frente al olvido.