La danza es una representación del hombre ante su sociedad, los bailarines para llegar a ser intérpretes, tienen que generar una fuerte introspección durante el proceso creativo de la obra, y esto quedó manifestado en la coreografía “Los descalzos” de Miguel Mancillas; presentada en el Teatro de la Paz.
El grupo de danza contemporánea “Antares”, que tiene más de 30 años de trayectoria, regresó después de diez años al Festival Internacional de Danza Contemporánea Lila López y refrenda su calidad escénica. “Los descalzos”, es una pieza que habla de la violencia interna del hombre, de sus frustraciones y temores, con una buena dirección escénica.
“Todo el tiempo caemos y tenemos a alguien que cae cerca de nosotros”, esto fue una de las ideas en la entrevista posterior a la función que ofreció a Pulso el reconocido maestro, bailarín y coreógrafo Miguel Mancillas. “A mí me gusta mucho exponer esta violencia interna que te surge por la impotencia”, agrega el coreógrafo.
Un cuestionamiento a la masculinidad, a los amores prohibidos, la religión y a la sociedad, son otros de los puntos de reflexión que aborda la obra coreográfica que fue estrenada el año pasado, como parte del aniversario por las tres décadas de fundación de la compañía originaria de Hermosillo, Sonora.
“El machismo no sólo está en la heterosexualidad, el machismo esta en todo, y eso es lo que abordamos en la obra. (…) Lo que hacemos en Antares es exponer la realidad tal cual es, no mentir, no hacer dulce la realidad cuando esta tan fuerte. ‘Los descalzos’ es una obra oscura, porque así era el contexto cuando fue creada, no es una obra fácil para el espectador”, dijo Miguel Mancillas.
“Los descalzos”, es una obra para intérpretes, en donde se aborda el tema humano pero sin caer en la representación común y fácil de la violencia de género. El vestuario es creativo, ya que tiene reminiscencias de los grupos indígenas de Sonora, pero también representa al contexto actual del Siglo XXI.
El diseño sonoro, creado también por Miguel Mancillas, está basado en música mexicana pero distorsionada. Por lo que se convierte en un subtexto que aumenta la cuestión dramática de la obra, los bailarines logran una dramaturgia corporal adecuada acorde al planteamiento del coreógrafo.