Adonai Uresti
Para Lis Herrera
De vez en cuando la vida no le sonreía del todo, pero eso no hacía que ella no cegara al mundo con la luz que emitía al hacer sonar su voz, al posar su mirada en ti, al elevar sus comisuras en una sonrisa inmensa.
Aguas, sus lentes quebrados por tercera vez. No importaba, ella seguía sonriendo, aunque costara cada vez más trabajo. Lo hacía más por los demás que por ella misma. A pesar de todas las pruebas que Dios, el destino o la vida le ponían en frente, ella debía de superarlas, o tenía que, ya no se sabía.
A ella le escribo, muchas veces por ella escribo. Quién sabe, quizá un editor despistado deje pasar una pequeña carta en lo que debería ser un cuento o una columna, ¿qué más daba? Ella valía el riesgo, todo por verla sonreía a todo momento, sí, ya sé que quizá en lugar de sonreír vaya a llorar, no importa, tarde o temprano lo hará.
La gente puede llegar a pensar que los que escriben, de algún u otro modo, han de escribirle todo el tiempo a quienes son parte de su proceso creativo, no sé si los demás lo hacen, a mí me cuesta trabajo hacerlo, al mismo tiempo que soy más bien de pocas palabras. Ni siquiera sé muy bien a dónde voy, pero estoy seguro de que quiero que sea contigo.
No importa si es una fecha especial, ¿qué de especial tiene dar una vuelta más al sol? Que la dimos juntos, pero no necesariamente debe ocurrir eso para decirte que puedes contar conmigo en todo momento, que te quiero y nos quiero, que te cuido y nos cuido, que te pienso y nos pienso, guapa.
En fin, cada 4 de agosto quisiera verte conmigo, con tus amigos, con los que te quieren, no pasa nada si son muchos o pocos. Debes saber que a todos en más de una ocasión nos has hecho felices, y solo esperamos hacer lo mismo, lo mereces. Espero que detrás de tus anteojos rotos puedas verme muchos años más que, en lo que a mí respecta, estoy deseoso de hacerlo.