escueto

Escueto era un gallo que sólo sabía amar a medias. 

Medio lo demostraba, medio lo decía, medio lo sentía, medio se entregaba… siempre medio a medias. 

Era poquitero y mezquino. Un ser emplumado con corazón a cuenta gotas.

Lo peor de todo, es que lo que sí sabía hacer y ¡muy bien! era, prometer, prometer, prometer… y nunca cumplir. 

Además de todo, Escueto se sentía galán. 

Y digo que se sentía galán, porque no lo era... Cacareaba gangoso, tenía roña en la piel, sus plumas medio roídas, medio pelonas, medio pintas, medio caídas (claro, claro todo era a medias). 

Pero amigos, existen algunos gallos así (no todos, no muchos, no siempre y no es ley) que no tienen espejos para verse  frente al sol y con los ojos de la realidad. 

El chiste es que Escueto, enamoraba a todas las gallinas que se le paraban enfrente, a todas les decía que ¡qué bonitaaas gallinitaaas! Y, les decía lo que querían escuchar, porque Escueto era Escueto, pero inteligente y era un gallo muy seguro (¡ey! La importancia de sentirse seguros es siempre esencial). 

La gallina Cuquis, por ejemplo, moría por él; la gallina Panchita le regalaba sus mejores huevos; las gallinas gemelas: Chikis y Babys, le hacían coronas de ramitas para su cresta (la que por cierto también ya estaba medio descolorida, medio aguada, medio calientita y medio caída) y Martiux, la gallina madre, esa la jerarca, dejaba que Escueto comiera antes que ella y que todas las plumíferas del gallinero.

Escueto se había entronizado como rey ante la envidia de sus congéneres que no se explicaban la razón, pues, como se ha dicho, el pobre Escueto tenía más defectos que cualidades.

Pero entre sus escasas cualidades, una lo hacía brillar: siempre sonreía (a medias y medio de mala gana pero lo hacía).

Pero por sus mentiras, su vanidad y sus aires de grandeza, no dejará de ser nunca medio gallo, porque eso es y eso será siempre medio gallo, mientras no sepa amar y entregarse a una sola gallina por  completo y mientras no deje de andar dándole atole con las plumas a toda ave que se le pare enfrente para obtener ventaja de ellas. 

Será un medio gallo que siempre estará medio solo y medio acompañado, medio lleno del alma, pero medio vacío del corazón.

Pero un día, (por ese raro karma de la vida) alguien con más seguridad y más inteligencia que él, lo engatusará, lo agarrará, lo atrapará por las plumas, lo aprisionará y cuando esté bien confiado, bien creído y bien enamorado ¡lo harán caldo! Porque amigos, la ley de vida número 3747 dicta lo siguiente:

Siempre existe alguien más listo y más aprovechado que tú.

Bueno, bueno, si es que de Escueto todavía sea posible hacer algún caldo, aunque sea con pipián, cebolla y sal, se entiende, para que medio sepa medio a algo.

¿A cuántos Escuetos conoces en tú vida?