La entrega de la Declaratoria como Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado a las Fiestas Patronales en Honor al Señor del Saucito, su Ruta Peregrina y de Penitencia, se realizó en el marco del inicio de las celebraciones anuales del barrio del Saucito.
El acto marcó un momento clave para una tradición que se mantiene activa desde el siglo XIX y que articula prácticas religiosas, organización comunitaria y ocupación simbólica del espacio urbano. La declaratoria reconoce no solo la festividad religiosa, sino el conjunto de acciones que la sostienen: el peregrinaje, la ruta procesional y los actos de penitencia que recorren más de tres kilómetros y convocan a habitantes del barrio y a personas que llegan desde otros puntos del estado y del país.
Estos recorridos configuran una práctica colectiva que se renueva cada año a partir del trabajo voluntario y la participación constante de la comunidad.
Durante la ceremonia se subrayó que la solicitud de este reconocimiento surgió desde el propio barrio, a partir de un expediente respaldado por vecinos, colectivos y consejos promotores.
La documentación dio cuenta de la historia de la devoción, pero también de los saberes asociados a la celebración, como la organización de mayordomías, la elaboración de tapetes de aserrín, la acera esquemada, las danzas tradicionales y la música que acompaña los recorridos. Las intervenciones coincidieron en señalar que estas fiestas funcionan como un eje de vida social que trasciende los días del festejo.
La preparación, los ensayos, la logística y la transmisión de responsabilidades entre generaciones sostienen una red comunitaria activa durante todo el año, en la que la fe convive con prácticas culturales y formas de cooperación vecinal. El reconocimiento formaliza una práctica que ya existía y que ha persistido, pero también coloca sobre la mesa la necesidad de acordar estrategias de cuidado y continuidad que partan del propio barrio y de quienes han mantenido viva esta celebración ya que el nombramiento no establece, por sí mismo, límites claros frente a los proyectos de infraestructura previstos en la zona.
Esto deja abierta la pregunta sobre cómo se articularán la protección cultural y las decisiones de desarrollo en un territorio donde la tradición sigue siendo parte de la vida cotidiana.