Para Johard Medina el arte no surge de una idea preconcebida ni de una intención de provocar emociones en el espectador. Su trabajo parte de una experiencia personal que necesita ser procesada. La obra aparece después, como una forma de ordenar recuerdos, pensamientos y emociones que permanecen dando vueltas mucho tiempo después de haber ocurrido.
El artista zacatecano presenta actualmente en Tejado Rojo “Hasta donde me acuerdo”, una exposición que reúne piezas desarrolladas desde 2024 y que funciona como una revisión de distintas etapas personales. Lo que comenzó como una respuesta a una ruptura sentimental terminó convirtiéndose en una investigación visual sobre la memoria, el amor, la identidad y las formas en que las personas construyen relatos sobre sí mismas.
“Yo tiendo mucho a sobrepensar”, explica. Ese hábito se convirtió en el punto de partida de varias obras donde el espacio pictórico aparece saturado de imágenes, colores y elementos que chocan entre sí. En esas composiciones caóticas intentó representar el ruido mental que acompaña ciertos procesos emocionales, especialmente aquellos relacionados con la pérdida, la culpa y la revisión constante
del pasado.
Sin embargo, Medina no plantea una narrativa de víctima. Con el paso del tiempo, la distancia frente a los acontecimientos le permitió reinterpretar esos recuerdos y cuestionar su propio papel dentro
de ellos.
LA MEMORIA COMO PUNTO DE PARTIDA
La memoria ocupa un lugar central en su producción. No como un archivo fiel de los hechos, sino como un territorio en constante reconstrucción. El propio título de la exposición hace referencia a esa incertidumbre. “Hasta donde me acuerdo” es una frase que suele utilizarse para contar una historia cuya exactitud nunca es absoluta. Desde esa idea, el artista recupera experiencias personales y las transforma mediante dibujos, textos e imágenes que funcionan como fragmentos de un recuerdo incompleto.
Su proceso creativo también nace de esa acumulación, durante el periodo que dio origen a la exposición conservó diarios, notas y escritos realizados en momentos de crisis emocional. Lo que comenzó como una práctica de desahogo terminó convirtiéndose en un archivo personal del que más tarde extrajo imágenes, palabras y conceptos para construir las piezas.
La escritura ocupa un lugar tan importante como el dibujo, pues antes de llegar al papel o al lienzo, muchas de sus ideas pasan por la libreta. Allí registra pensamientos espontáneos, asociaciones de palabras y observaciones cotidianas que después se convierten en composiciones visuales.
DEL DIBUJO A LA CULTURA DIGITAL
Aunque el dibujo sigue siendo el eje principal de su producción, Medina trabaja con una amplia variedad de materiales. Utiliza carboncillo, estilógrafo, tinta, esmaltes, lacas y elementos que generan superficies rugosas. También ha comenzado a experimentar con instalaciones, fotografía y materiales recuperados de obras de construcción, una influencia directa de su formación profesional como arquitecto.
Esa condición híbrida se refleja también en sus referencias visuales, en su trabajo conviven caricaturas, dibujos infantiles, fotografías, películas, canciones, publicaciones de redes sociales y memes. Lejos de considerar estos últimos como elementos menores, los entiende como uno de los lenguajes visuales más representativos de la actualidad.
Para Medina, los memes son una muestra de cómo una imagen puede condensar experiencias compartidas y generar identificación colectiva. Esa capacidad de representar emociones complejas mediante figuras simples aparece constantemente en su obra, donde personajes aparentemente familiares se deforman, se fragmentan o adquieren significados distintos.
La infancia es otro de los territorios recurrentes dentro de su producción, la aborda desde un espacio donde se originan muchas de las formas de relacionarse con los demás, no desde una visión idealizada. En sus piezas aparecen dibujos que remiten a caricaturas o trazos infantiles, pero que conviven con imágenes de conflicto, violencia emocional o incomodidad.
A pesar de que su obra aborda temas como la tristeza, el duelo o la frustración, el artista insiste en que no busca provocar sentimientos específicos en el público. Su interés está en procesar experiencias propias. Si otras personas encuentran resonancias en ellas, considera que eso ocurre de manera natural.
UN LENGUAJE EN TRANSFORMACIÓN
En su estilo visual, evita definirse mediante etiquetas tradicionales. Más que hablar de una estética específica, prefiere pensar su trabajo desde conceptos que atraviesan distintas etapas de su producción: el amor, la violencia, la identidad y las relaciones humanas.
Esa postura también revela una búsqueda todavía abierta. Medina reconoce que se encuentra en una etapa temprana de su trayectoria y que su trabajo continúa transformándose. Incluso anticipa un alejamiento gradual del dibujo figurativo para acercarse a imágenes más abstractas, tipografías y sistemas visuales inspirados en errores digitales o estructuras fragmentadas“Como si fuera una computadora fallando”, describe.
La declaración permite entender que Hasta donde me acuerdo como una etapa donde la memoria, el afecto y la experiencia personal todavía ocupan el centro de la obra, pero que ya apunta hacia nuevas formas de representación.
La muestra también incorporó una colaboración de la joven artista Amaya M.C., quien participó en el desarrollo de una instalación mediante propuestas visuales y con el poema escrito especialmente para la exposición. Para Medina, esta colaboración resultó significativa al encontrar coincidencias entre las experiencias emocionales que aborda su obra y las inquietudes de una creadora de apenas 18 años, una conexión que amplió el diálogo sobre el desamor, la memoria y las formas en que distintas generaciones procesan sus experiencias afectivas.
Mientras tanto, Medina continúa explorando aquello que aparece una y otra vez en sus piezas: recuerdos que regresan, emociones que cambian de forma y preguntas que permanecen abiertas. Su trabajo se mueve precisamente en ese territorio donde nada termina por completo, donde las imágenes siguen reapareciendo y donde recordar se convierte en una manera de volver a mirar lo vivido.