En tonos sepia y a color: una casa

ntras en la casa y sabrás que está dentro, y lo querrás como a diminuto endriago al que no pudiste dejar en medio de una vereda de polvo.

Lo adoptarás con la conciencia embarrada en las palmas, una mueca colgando del labio inferior y todas las horas sofocándote…

Todos tus días.

Primer acto: Hubo una vez una casa: ruidos antes no escuchados. Cuerpos sacudiendo cama a las cuatro de la mañana. Un Perro niño. Litografías para poner en los muros. Copas servidas, con luciérnagas, en la mesa.

Segundo acto: Una vez una casa: nuevos azulejos en la cocina. Cabellos de hija en la esponja húmeda del baño. Historia recién descubierta. Siervos del desvelo. Tropas de Teddy bears en los peldaños de la escalera.

Tercer acto: Hay una vez una casa: alaridos de perros y gatos en la sala. Colchón con siluetas de hielo en las orillas. Sin quesadillas en la cena. Pensamientos ajenos. Océanos de agua estancada en el patio.

Una vez una casa: Un letrero en la ventana diga: “Casa en renta, informes…” Una casa en donde la nada, o donde una cuchara doblada y un vaso desportillado. pero tal vez, en otro momento, otra casa que durará segundos.