Escribir abre los ojos a lo extraordinario

Emilio Contreras presentó "Los Párpados", una realidad que apenas se agrieta

En "Los Párpados", Emilio Contreras comparte su interés en mostrar cómo la realidad puede abrir pequeñas grietas por donde asoma lo extraordinario. El autor explica que le atraen las historias donde "parece que estamos en nuestra misma realidad y de repente ocurre un desliz, un tropiezo hacia otro plano", no porque el mundo se desmorone, sino porque "se agrieta" y permite mirar "hacia el otro lado". Esa idea se convierte en el eje de los seis cuentos.

Esa forma de entender la ficción también responde a una postura personal. Contreras afirma que nunca ha sentido la necesidad de racionalizar todo aquello que resulta extraordinario. "Para mí es más bello aceptar el fenómeno como es", comenta, y añade que esa visión terminó por incorporarse a su literatura, donde el asombro ocupa un lugar más importante que la explicación.

Para Contreras, la literatura no tiene la obligación de explicar el mundo. Su apuesta consiste en algo más sencillo y, al mismo tiempo, más complejo: cambiar la forma en que lo observamos. Esa idea atraviesa "Los párpados", su primer libro de cuentos, publicado por Eleusis Jardín Editorial en 2024, donde seis historias colocan a personajes comunes frente a acontecimientos que alteran apenas la realidad. No aparecen monstruos ni universos fantásticos; basta un pequeño desliz para que lo cotidiano revele otra posibilidad.

El escritor, originario de Ciudad de México y egresado de Estudios Literarios por la Universidad Autónoma de Querétaro, explica que ese interés surgió de una manera muy personal de relacionarse con el asombro. Mientras muchas historias buscan explicar aquello que resulta extraordinario, él prefiere conservar el misterio. "Para mí es más bello aceptar el fenómeno como es", afirma, convencido de que intentar desmontarlo termina por restarle fuerza. Esa postura, reconoce, terminó convirtiéndose en una forma de escribir.

ABRIR LOS PÁRPADOS

Aunque el título del libro remite al acto físico de abrir los ojos, para Contreras también representa una invitación a modificar la percepción. Sus cuentos parten de escenarios reconocibles hasta que algo altera discretamente su lógica.

El autor explica que nunca le interesó construir mundos completamente separados de la realidad, sino provocar pequeñas fisuras. "Parece que estamos en nuestra misma realidad y de repente ocurre un desliz, un tropiezo hacia otro plano", dice. No se trata de que el mundo desaparezca, sino de que "se agriete" lo suficiente para permitir que el lector vea aquello que normalmente permanece oculto.

Esa idea también define el lugar que ocupa el milagro dentro del libro. No aparece como una verdad absoluta ni como una explicación religiosa, sino como una posibilidad que depende de la disposición de quien observa. Para Contreras, la literatura comparte esa condición: necesita lectores capaces de mirar más allá de lo evidente.

LA IMAGINACIÓN TAMBIÉN TIENE MEMORIA

Aunque "Los párpados" no es un libro autobiográfico, muchos de sus relatos nacieron de recuerdos personales. El escritor recuerda las horas que pasó durante la infancia dentro de una alberca, cuando el agua dejaba de ser una piscina para convertirse en un océano, un archipiélago o el escenario de cualquier aventura inventada junto a otros niños.

Aquellas experiencias no se trasladaron literalmente a los cuentos. Lo que sobrevivió fue la manera de mirar. "Quizás no sea tanto lo que yo he vivido, sino cómo he transformado ciertas impresiones de mi vida a través de una mirada infantil", explica. Esa capacidad para aceptar lo imposible sin necesidad de justificarlo sigue siendo, para él, una herramienta narrativa.

A esa memoria personal se suman sus lecturas. Durante la escritura del libro encontró afinidades con ensayos de Hugo Hiriart y con los cronistas de Indias, quienes debían describir paisajes, objetos y costumbres completamente desconocidos utilizando el lenguaje que ya poseían.

Ese ejercicio de nombrar lo nuevo con palabras conocidas se convirtió en un modelo para su propia escritura. Su intención, dice, consiste en hacer que el lector vuelva a descubrir aquello que ha visto toda la vida, como si fuera la primera vez.

SEIS AÑOS PARA ENCONTRAR UN HILO

Los cuentos que integran "Los párpados" no fueron concebidos como un libro desde el principio. Contreras los escribió a lo largo de casi seis años. Algunos permanecieron largo tiempo en proceso, mientras otros aparecieron casi de un solo impulso. Solo cuando reunió los textos para enviarlos al editor Eder Castellano descubrió que existía una conversación entre ellos.

Fue el editor quien identificó un hilo conductor que el propio autor no había advertido del todo: la insistencia en la mirada, los párpados, la percepción y la forma en que los personajes reaccionan frente a aquello que rompe discretamente la normalidad.

Esa misma lógica atraviesa la construcción de los personajes. Contreras evita describirlos físicamente con detalle porque considera que el cuento funciona mediante fragmentos. En lugar de elaborar retratos completos, prefiere mostrar un momento de intimidad: un hijo que lleva a su madre a un asilo, un padre que enseña a cultivar a su hijo o un hombre incapaz de sentirse en casa después de mudarse. "Lo demás creo que el lector puede inferirlo", comenta, convencido de que la narración no necesita llenar todos los espacios.

LA LITERATURA TAMBIÉN EXIGE UN LECTOR

La defensa de los espacios vacíos no responde únicamente a una decisión estilística. Forma parte de la manera en que Contreras entiende la literatura.

En una época donde muchas historias buscan explicar cada acontecimiento y ofrecer respuestas inmediatas, sostiene que la ficción debería hacer lo contrario. "Antes que resolver preguntas, la literatura tiene como deber plantearlas", afirma. Para él, el encanto de un relato está precisamente en la incertidumbre y en la posibilidad de que cada lector complete aquello que el texto apenas sugiere.

Desde esa perspectiva, leer también implica escribir. "Mi manera de decirle al lector es: tú también pon de tu parte, tú también ayúdame a escribir el cuento", señala. Esa exigencia, explica, no busca dificultar la lectura, sino establecer un diálogo donde la imaginación del lector tenga el mismo peso que la del autor.

ESCRIBIR FUERA DEL ESCAPARATE

Contreras considera que una propuesta como Los párpados difícilmente habría encontrado espacio sin el trabajo de las editoriales independientes. Para él, sellos como Eleusis construyen sus catálogos pensando primero en los libros que desean publicar y después en el mercado.

"Una editorial independiente arriesga muchísimo más que una editorial consolidada", sostiene. Esa libertad permite apostar por obras que se alejan de las tendencias comerciales y que buscan lectores interesados en explorar otras formas de narrar. Aunque reconoce que las ganancias económicas suelen ser menores, considera que ese riesgo forma parte del compromiso con la literatura.

LA ESCRITURA CONTINÚA

Después de Los párpados, Emilio Contreras publicó Hombres ridículos, actos miopes, un libro que considera hermano del primero porque ambos crecieron de manera paralela. Sin embargo, reconoce que su escritura ha comenzado a desplazarse hacia otros territorios.

Ahora le interesa explorar con mayor claridad su propia historia. No desde una autobiografía literal, sino desde la posibilidad de comprender quién es a través de la ficción. "He tratado de escribir un poco más sobre quién soy", comenta, porque considera que toda literatura termina siendo autobiográfica en la medida en que recoge sueños, frustraciones y obsesiones.

Esa búsqueda también lo ha vuelto más exigente consigo mismo. Aspira a escribir libros capaces de resistir el paso del tiempo y de sorprenderlo incluso a él. Imagina el día en que pueda olvidar que escribió "Los párpados", encontrarlo en una librería y disfrutarlo como cualquier otro lector. En esa imagen se resume la aspiración que atraviesa toda su obra: escribir historias que, antes que ofrecer certezas, inviten a abrir los ojos y descubrir que la realidad siempre puede contener algo inesperado.