En "Impermanencia de lo efímero", las esculturas de Dan Trullen aparecen quebradas, erosionadas, incompletas o atravesadas por ausencias que obligan a mirar aquello que normalmente se intenta ocultar: el desgaste, las heridas, los cambios y la imposibilidad de conservar una forma para siempre.
La exposición temporal del escultor mexicano llegó al Museo Federico Silva Escultura Contemporánea, en una muestra que parte de la figura humana para hablar de una condición que también alcanza a la materia, todo está en proceso de transformación.
Pero para Trullen, la idea de impermanencia apareció durante un proceso personal de cambio.
VOLVER AL JUGUETE DE LA INFANCIA
Antes de dedicarse nuevamente a la escultura, Trullen desarrolló una carrera como veterinario y trabajó durante años en el área de nutrición animal. Su formación científica convivió con una inclinación artística que estaba presente desde la infancia, cuando la plastilina era su juguete preferido.
La pandemia modificó ese recorrido. Con el tiempo disponible durante el confinamiento, regresó a la escultura y comenzó a trabajar nuevamente con plastilina. Lo que inicialmente parecía un regreso a una actividad de la infancia terminó convirtiéndose en una decisión de vida.
"Retomé mi juguete y mis sueños de niño", cuenta el escultor al recordar ese periodo. A partir de ahí decidió dejar la seguridad de su actividad profesional para dedicarse nuevamente al arte. Ese cambio también comenzó a aparecer en las piezas. Trullen explica que primero realizaba figuras cuidadosamente terminadas, pero después empezó a intervenirlas, deshacerlas y volverlas a construir. Las formas comenzaron a escurrirse, romperse y presentar rasgaduras.
En esas alteraciones encontró una correspondencia con su propia transformación."Me transformé. Y entonces en ese proceso de transformación empecé a transmitir las hacía muy bien, muy bien acabadas, pero ya se conocen los clásicos. Entonces las deshacía y las volvía a armar", relata. La imperfección dejó entonces de ser un defecto que debía corregirse para convertirse en parte de la obra.
EL CUERPO COMO MATERIA QUE CAMBIA
Las esculturas de "Impermanencia de lo efímero" parten de una figura reconocible, pero se niegan a entregarla completa. Falta una mano, una parte del rostro, una extremidad o alguna sección del cuerpo. Las superficies muestran fracturas y desgastes.
Trullen encuentra en esas ausencias una relación directa con la experiencia humana. Para él, una persona tampoco permanece intacta: las cicatrices, las heridas emocionales, la edad y las experiencias modifican aquello que alguna vez parecía estable.
"Somos todos materia en este momento", afirma al explicar el punto de partida de la serie. Para el escultor, las piezas hablan precisamente de ese tránsito en el que una forma deja de ser lo que era y comienza a convertirse en otra.
La escultura funciona así como una especie de registro del tiempo. Una figura quebrada no necesariamente habla de destrucción; también puede mostrar que algo continúa existiendo mientras cambia.
LO QUE FALTA TAMBIÉN FORMA PARTE DE LA OBRA
Una de las decisiones centrales de Trullen consiste en no completar las figuras. La ausencia introduce al espectador en el proceso creativo, porque cada persona intenta reconstruir mentalmente aquello que no está.
El escultor ha encontrado reacciones distintas frente a estas piezas. Algunos espectadores se sienten atraídos por ellas; otros cuestionan que tengan partes faltantes. Para Trullen, ambas respuestas forman parte de la experiencia. "Es uno mismo el que desea terminarla por nuestra búsqueda de perfección", explica.
Las partes ausentes pueden convertirse entonces en espacios de identificación. Durante sus exposiciones, el artista ha escuchado a personas hablar de aquello que todavía no han hecho: una profesión que abandonaron, una actividad que desean realizar o un sueño que permanece pendiente.
"Todos tenemos algo en el clóset guardado", señala Trullen al hablar de esas proyecciones personales. Por eso las esculturas no buscan necesariamente que el público encuentre una interpretación única. La pieza puede cambiar dependiendo de quién la observe.
CIENCIA, GEOMETRÍA E IMPERFECCIÓN
La mirada de Trullen también está atravesada por su formación científica. Como veterinario, desarrolló una relación con la observación, la geometría y la anatomía que posteriormente trasladó a su trabajo escultórico.
En sus piezas existe una búsqueda de proporción y movimiento, pero también una decisión consciente de introducir aquello que rompe con la simetría.
El escultor explica que el ojo humano reconoce rápidamente cuando algo no corresponde con una determinada estructura. Sin embargo, considera que la belleza también puede encontrarse en aquello que no es simétrico.
Su trabajo consiste en llevar esa tensión hasta un punto en el que la escultura conserve una estructura sólida, pero permita que la fractura, la ausencia y lo inacabado entren en diálogo con ella. "Hay belleza en lo que no es simétrico", resume.
En esa combinación aparecen dos partes de su trayectoria: la racional, vinculada con la ciencia, y otra relacionada con la experiencia emocional y espiritual.
MATERIALES QUE TAMBIÉN SE DESGASTAN
La idea de impermanencia no se encuentra únicamente en las formas. También está en los materiales.
Trullen trabaja con resina, bronce, arcilla y otros materiales mixtos, pero algunos de sus procedimientos incorporan elementos que modifican la superficie y el comportamiento de las piezas. Entre ellos utiliza arena, distintos tipos de piedra, semillas y sal de mar.
Una de las piezas incorpora sal dentro de la resina. La humedad provoca que, con el tiempo, parte de ese material se pierda, haciendo visible el propio proceso de transformación.
Para el escultor, ese desgaste material se relaciona nuevamente con el cuerpo humano: se pierden algunas capacidades, cambian otras y se acumula experiencia.
"Perdemos capacidades cognitivas, mejoramos un poco la experiencia y un poquito de la sabiduría", dice al explicar la relación entre el desgaste de los materiales y el paso del tiempo en las personas. La materia deja así de ser un soporte pasivo. También envejece, cambia y desaparece parcialmente.
UNA ESCULTURA FRENTE A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Aunque la exposición parte de una preocupación por el cuerpo y la materia, Trullen no se mantiene ajeno a la tecnología. Su propia práctica ha comenzado a incorporar herramientas de inteligencia artificial para resolver algunos procesos técnicos.
El artista cuenta que anteriormente realizaba manualmente algunos dibujos y cuadrículas que utilizaba para trasladar dimensiones a sus esculturas. Ahora recurre también a herramientas digitales para agilizar ese trabajo.
Pero el uso de tecnología abre para él una contradicción. Las herramientas permiten producir con mayor rapidez y precisión, aunque también pueden generar una dependencia que reduzca ciertas capacidades humanas. "Nos hace más rápidos, más ágiles, pero también a veces más inútiles", plantea.
Esa preocupación podría continuar en su siguiente proyecto, que el artista adelanta bajo el título "Transmigración", una serie que pretende abordar las relaciones entre energía, materia y procesos tecnológicos.
LA OBRA TERMINA CUANDO ALGUIEN LA MIRA
Para Trullen, una exposición no necesariamente necesita ser explicada por completo. Prefiere que el espectador se acerque a las esculturas sin recibir una interpretación cerrada y descubra qué parte de ellas le resulta cercana.
Ha observado que algunas personas se identifican con los pies de una figura, otras con las manos, el movimiento o la mirada. Esas reacciones son, para él, parte fundamental de la obra. "No me gusta el arte cuando tiene que ser finalmente explicado", afirma.
La relación con el público adquiere así un papel central. La escultura no termina necesariamente en el momento en que el artista deja de trabajar sobre ella. Se completa, al menos parcialmente, cuando alguien se detiene frente a ella y proyecta algo propio.
"Cuando la gente se detiene tres segundos a pensar y verla y se autorreleja y dice algo de ella, la obra ya cumplió su función", explica. Es quizá ahí donde la exposición encuentra su mayor paradoja: las esculturas hablan de lo que desaparece, pero necesitan de la mirada de alguien para continuar cambiando.
UN ENCUENTRO CON LA ESCULTURA CONTEMPORÁNEA
Presentar esta serie en el Museo Federico Silva tiene para Trullen un significado particular por tratarse de un recinto dedicado a la escultura contemporánea. El artista considera que mostrar su trabajo en este espacio representa un reconocimiento importante dentro de su trayectoria.
"Impermanencia de lo efímero" propone entonces mirar la escultura desde un punto distinto al de la permanencia. En lugar de cuerpos intactos, presenta cuerpos que ya han comenzado a cambiar; en lugar de superficies perfectas, muestra huellas de desgaste; en lugar de cerrar una interpretación, deja espacios para que cada espectador complete aquello que considera ausente.
Trullen comenzó esta serie al transformar su propia vida y terminó encontrando en esas figuras fragmentadas una manera de hablar de algo que atraviesa a todos: la imposibilidad de permanecer iguales.