Jugar con la memoria para mirar el presente

La búsqueda conceptual de Leo The Kid

Para Leonardo Araujo, conocido como Leo The Kid, una obra no comienza necesariamente con una técnica. Comienza con una pregunta y con la búsqueda de los recursos capaces de hacerla visible, audible o incluso corporal.

Licenciado en Arte Contemporáneo por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, el artista potosino inició su producción en 2019 y ha desarrollado una práctica que cruza instalación, arte objeto, diseño visual y herramientas como el videomapping, el videoarte y la animación digital.

Su trabajo parte de la relación entre objetos, espacios y el valor simbólico que adquieren a partir de las experiencias individuales y colectivas. En lugar de establecer una técnica fija, Araujo decide qué necesita cada proyecto. “No tanto la técnica por la técnica, sino la técnica por el objetivo o el propósito”, explica.

LA INFANCIA COMO PUNTO DE PARTIDA

En 2026, Leo The Kid presentó su primera exposición individual, Duérmete un ratito… ahorita nos vamos, una instalación inmersiva construida como un circuito de seis piezas acompañado por un paisaje sonoro. El proyecto se acercó a los imaginarios de quienes crecieron en México durante los años noventa y los primeros años de los dos mil, particularmente desde una mirada potosina.

La exposición partió de objetos relacionados con el juego, la espera y la memoria afectiva para explorar la distancia entre el futuro que se imaginaba durante la infancia y el mundo que finalmente se habitó. Para Araujo, uno de los descubrimientos más importantes ocurrió cuando la obra dejó de funcionar únicamente como una exposición para convertirse, ante las infancias, en un espacio de juego y socialización.

“Había un inflable, había pelotitas, había juguetes que se podían agarrar, tocar, mover. Entonces la sala cambiaba completamente y para mí dejaba de ser como una exposición artística y se convertía en un espacio de juego”, recuerda.

Ese encuentro modificó también su investigación, inicialmente los objetos funcionaban como detonadores de recuerdos para los adultos, la interacción de niñas y niños le mostró que esos mismos elementos podían adquirir otros significados en el presente.

LA NOSTALGIA DE UNA GENERACIÓN

En Duérmete un ratito… ahorita nos vamos, la nostalgia no aparece solamente como añoranza. Leo The Kid la entiende como un lenguaje compartido por una generación marcada por la transición entre una infancia analógica y la llegada de la vida digital.

Quienes crecieron en los noventa y los dos mil todavía jugaron en espacios públicos, pero también conocieron los primeros años de Messenger, Facebook y otras formas de interacción digital. “Somos como una generación de transición diferente a las generaciones recientes que ya son nativas digitales”, señala.

Desde ahí aparece una de las tensiones centrales de su obra, las imágenes con las que aquella generación imaginó el futuro frente a las condiciones que encontró al llegar a la adultez. Araujo recuerda, por ejemplo, las representaciones digitales de la época, como los paisajes de Windows, que proyectaban una idea de futuro asociada con progreso y posibilidades.

“Era nuestro futuro, ¿sabes? Y llegamos y precariedad laboral y esta inseguridad y bueno, muchísimas cosas”, plantea. Para él, la nostalgia funciona entonces como una manera de generar significados y reconocer aquello que no ocurrió como se esperaba.

DE LA NOSTALGIA A UNA NUEVA BÚSQUEDA

La investigación no terminó con aquella exposición. El Programa de Estímulo a la Creación y el Desarrollo Artístico (PECDA) San Luis Potosí 2026 seleccionó su proyecto Hay algo que me llama: Instalación inmersiva y sensorial del juego y memoria en imaginarios de infancias mexicanas 90’s/2000.