Koatl, el defensor

Un proyecto de narrativa gráfica

Durante 12 años, Yair Artz ha construido desde San Luis Potosí a Koatl, El Defensor, un superhéroe que comenzó como un proyecto independiente de narrativa gráfica y que con el paso del tiempo se convirtió en un universo con historias y posibilidades en distintos formatos.

Pero el crecimiento del personaje no se ha limitado a su diseño o a la expansión del proyecto: Koatl también ha cambiado junto con su creador y ha terminado por convertirse en una forma de hablar sobre la historia, las raíces y la manera en que se representa lo mexicano.

PROYECTO QUE CRECIÓ CON SU AUTOR

Cuando Yair Artz comenzó con Koatl, el proyecto tenía como finalidad probarse a sí mismo como narrador gráfico. No existía una estructura industrial detrás ni una fórmula establecida para desarrollar un personaje de esas características desde San Luis Potosí. La primera prueba consistía en comprobar si podía sostener el ritmo de producción y descubrir qué ocurriría si los lectores encontraban interés en la historia.

Con el tiempo, ese interés abrió la posibilidad de llevar al personaje hacia proyectos cada vez más ambiciosos. El proceso fue distinto al de las grandes franquicias, donde desde el principio existe una infraestructura para desarrollar cómics, animación, videojuegos o mercancía. En el caso de Koatl, cada nuevo paso implicó aprender y construir las condiciones para hacerlo posible.

Para Artz, esa experiencia también significó transformar su propia manera de trabajar. Su formación estaba relacionada principalmente con las artes plásticas tradicionales, por lo que el cómic le exigió aprender sobre diseño gráfico, software, edición digital y procesos editoriales. El reto no era solamente contar una historia, sino conseguir que un proyecto independiente pudiera tener un acabado profesional y competir visualmente con otras propuestas.

Koatl terminó creciendo a la par de su creador. Artz reconoce que el personaje que dibujó al comienzo no es exactamente el mismo que construye ahora, porque durante estos años también cambió su manera de dibujar, narrar y entender el trabajo de un autor. El personaje incluso adquirió una personalidad propia que obliga a su creador a preguntarse qué haría Koatl ante determinada situación, en lugar de imponerle cualquier decisión únicamente porque él es quien escribe la historia.

SAN LUIS COMO TERRITORIO DE FICCIÓN

Una de las decisiones centrales del proyecto fue situar la historia en San Luis Potosí. Artz pudo haber inventado una ciudad ficticia, pero decidió utilizar el estado como territorio narrativo porque consideraba que tenía un potencial que había sido poco aprovechado dentro de la fantasía, la ciencia ficción, los cómics y los videojuegos.

La intención tampoco era convertir a San Luis Potosí en una colección de referencias locales o bromas. Artz buscó observar la ciudad desde otro lugar y mostrar elementos de su cultura sin reducirlos a frases, chistes o estereotipos. Para él, el estado podía funcionar como algo más que un escenario: podía formar parte de la identidad del personaje y de la historia.