Milán.- Hace dos años, el artista italiano Lorenzo Quinn causó sensación en los márgenes de la feria de arte contemporáneo Bienal de Venecia con una escultura gigantesca de manos infantiles que salían del Gran Canal, un llamado de atención sobre el cambio climático que amenaza, entre otras cosas, con hundir la ciudad lacustre.
Para esta edición, Quinn ha creado una escultura sucesora con el espíritu de un llamado a la acción: seis pares de manos crean un puente sobre una vía fluvial veneciana, símbolo de la necesidad de construir puentes y superar divisiones.
Se las erige en el antiguo astillero Arsenale contra el trasfondo de una ciudad que constituye históricamente una puerta entre oriente y occidente, en momentos que Europa se apresta a votar en elecciones continentales que aparecen como una batalla entre el populismo y las tradiciones socialdemócratas.
Su intención no es crear plataforma de campaña, dice Quinn. Pero sus ideales saltan a la vista.
FRONTERAS
“La humanidad nunca ha crecido creando barreras. Siempre crece cuando abre sus fronteras y acoge culturas nuevas”, dijo el artista vía telefónica mientras supervisaba la instalación de un nuevo par de las manos de resina blanca.
“Venecia lo atestigua. Venecia abrió rutas a Asia, el Lejano Oriente con Marco Polo y los mercaderes de Venecia. Siempre ha sido una gran fuerza motriz del crecimiento europeo”.