Xantolo se ha convertido en un símbolo de identidad potosina, pero su promoción turística y su reconocimiento como patrimonio cultural pueden dejar fuera a las comunidades indígenas que mantienen vivas estas prácticas.
Antropólogo Martínez Treviño sobre la propiedad cultural de Xantolo
Para el antropólogo Manuel Alfonso Martínez Treviño, es necesario reconocer que las decisiones sobre su difusión, investigación y aprovechamiento corresponden a los pueblos que lo celebran, no a las instituciones ni a la sociedad en general.
El especialista señaló que Xantolo agrupa manifestaciones culturales distintas que no deben reducirse a una sola celebración representativa de la Huasteca. Durante la entrevista, explicó que los pueblos Nahuas, Tének y Xi’Oi tienen formas particulares de nombrar y vivir el periodo dedicado a los difuntos. Entre ellas mencionó el Mijkailjuitl, entre comunidades nahuas; el Tsámnek Ájib y el K'aylem, entre los tének, relacionados con la fiesta de los muertos y la llegada de las mariposas, así como el llamado “mes de los tamales” entre los Xi’Oi o Pames. Estas celebraciones tienen significados propios y mantienen vínculos con sus concepciones del mundo y los ciclos agrícolas.
Cronología y significado profundo de las celebraciones indígenas
Martínez Treviño explicó que la relación entre vivos y muertos no se limita a los primeros días de noviembre. En algunas comunidades, los preparativos comienzan en junio con la siembra de flores y otros cultivos, mientras que el periodo ritual puede extenderse desde el 29 de septiembre hasta el 30 de noviembre.
Para el antropólogo, reducir estas prácticas a una celebración de unos cuantos días simplifica su complejidad y oculta los vínculos que mantienen con la vida cotidiana de las comunidades.
“No es nuestro, es de ellos”, sostuvo al cuestionar la idea de que Xantolo pertenece a todos los potosinos por formar parte de la identidad estatal. Precisó que la declaratoria de patrimonio cultural de San Luis Potosí corresponde a la festividad indígena del Día de Muertos y no exclusivamente al Xantolo.
Añadió que el reconocimiento se realizó sin una consulta colectiva previa con las comunidades, lo que dificulta establecer quién debe decidir sobre la celebración y cómo deben gestionarse los recursos destinados a su preservación.
El investigador advirtió que la promoción turística puede derivar en procesos de folclorización y turistificación, cuando se seleccionan los elementos más llamativos de una tradición para convertirlos en un espectáculo, mientras se omiten sus significados comunitarios.
También señaló que la enseñanza de versiones homogéneas puede imponer reglas ajenas a las prácticas locales. “El sujeto de la ciudad o el visitante no está aprendiendo algo nuevo, le están escenificando y construyendo un discurso que le pueda ser atractivo”, explicó.
Ante este panorama, Martínez Treviño consideró necesario informar a las comunidades sobre los alcances del reconocimiento patrimonial y fortalecer su autonomía para decidir si desean recibir visitantes, participar en documentales o difundir sus celebraciones.
Asimismo, planteó que el Estado debe destinar recursos para que los propios pueblos gestionen sus manifestaciones culturales. De lo contrario, advirtió, los beneficios económicos del turismo pueden concentrarse en hoteleros, restauranteros y operadores turísticos, sin traducirse en mejoras para las comunidades. Para el antropólogo, la difusión debe partir de las decisiones de quienes mantienen vivas estas prácticas y reconocer que el patrimonio indígena no es únicamente un atractivo turístico.