Polifemo
No sé quién soy, no me reconozco en la canción impertinente de los grillos, ni en el guiño matinal de los espejos, ni en el silbo del aire y la serpiente, tampoco en el extraño sonido de mi nombre. Así las cosas, no me queda más camino que olvidarme y volar anónimo en el polvo. Tal vez soy Nadie, un corazón en llamas y una sombra infinita que me sale del ojo.