Las ovejas aprenden a contar pastores
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La marcha será larga en el país del humo.
No hay tierra prometida:
Ítaca es una isla en el desierto.
La señal es el agua.
Todos huyen de sus propias casas,
de sus calles de lumbre y de ceniza,
de las espadas ígneas.
La saliva del depredador huele a mortandad y desamparo,
pero hay un paraíso en el espejo, otro en el ojo.
Apenas nato y el camino se abre, peregrino y bordón.
La súbita canción del cisne negro,
lo improbable como un puñal de plata en el corazón del día.
Alguien perdió la llave del mar rojo.