México.- De mirar a interactuar, y de sensores de movimiento a pantallas táctiles, el Museo de Historia Natural de Ciudad de México ha dado un salto al siglo XXI, con una renovación que lo salvó de la decadente modernidad con la que se inauguró en octubre de 1964.
Con los más modernos conceptos de su primera época, este museo famoso por sus icónicas bóvedas de hormigón, entró en operación solo unas semanas después del Museo Nacional de Antropología e Historia, en un México que preparaba los Juegos Olímpicos de 1968.
“Todas las grandes ciudades tienen museos de historia natural que son icónicos, que es una visita obligada y (el de México) no podía quedarse atrás”, dijo la secretaria de Medio Ambiente del gobierno de Ciudad de México, Tanya Müller García.
La infraestructura y los conceptos científicos y tecnológicos del museo se renovaron, con una inversión de 220 millones de pesos (unos 12,1 millones de dólares) del gobierno de la Ciudad de México, explicó Müller.
El centro de la transformación han sido cuatro bóvedas, unos 3.000 metros cuadrados, en las que se instaló una superficie natural de granito de cantera brasileña y se instaló un sistema de aire acondicionado que no existía, además de 3.400 metros cuadrados de material aislante “termo acústico”.