Paseo de Montejo

Querido amigo,

      Todas las grandes ciudades, y no me refiero sólo a su tamaño sino a su importancia histórica y cultural, cuentan con paseos, jardines, parques y sitios hermosos y llenos de historia para ser admirados por los turistas y apreciados por los habitantes de esas ciudades. Mérida no es la excepción, pues entre muchos atractivos se encuentra el Paseo de Montejo.

      Este hermoso paseo fue construido bajo el concepto de los famosos bulevares franceses, que muestran un trazo y diseño inconfundibles. Este paseo yucateco cuenta con un camellón central impecablemente cuidado y numerosas glorietas en las que se encuentran monumentos de gran belleza y valor histórico. A sus lados se levantan mansiones señoriales características de los inicios del siglo XIX, y sobra decir que estos palacetes eran propiedad de acaudaladas y prominentes familias que no repararon en gastos para que cada casa fuera digna de admiración y envidia de los vecinos y de aquellos que paseando las admirasen.

      Durante el primer periodo como gobernador de Yucatán de Guillermo Palomino, fue que se gestó la ideas de contar con un paseo señorial que enalteciera a la ciudad y se convirtiera en un referente urbano que mostrara el progreso y la bonanza que en ese momento vivía la península entera, debido sobre todo al auge las haciendas henequeneras que se habían convertido en el motor económico del sur del país. Esta propuesta fue vista con gusto por los ricos hacendados, banqueros, industriales, políticos y militares de alto rango dando inicio al trazo y construcción del afrancesado paseo en febrero de 1888, contando también con el beneplácito del General Porfirio Díaz Morí, en aquel entonces presidente de la República y admirador de la arquitectura francesa. El paseo fue concluido en 1904 con una extensión de 1,280 metros y el nombre que se le dio fue en honor de Francisco de Montejo y León, conocido como “el mozo”.

      Con el paso de los años y diferentes gobiernos se continuó la ampliación de este paseo, teniendo hoy en día 6 kilómetros de extensión, los cuales puedes recorrer a pie, pero con el calor imperante eso se tiene que hacer en etapas. La mejor manera de admirar el paseo es mediante un paseo en calesa que puedes tomar a un costado de la catedral y que te lleva a recorrer con calma y al paso del caballo todo el boulevard, he de confesarte que esa es la forma más romántica y que te remite a los primeros años del siglo pasado cuando de seguro los acaudalados yucatecos paseaban en calesa admirando todo y dejándote ver cómo vivían las familias ricas, distinguidas y poderosas.

      Por lo pronto Charis ha quedado encantada por este paseo tan especial, el cual hemos recorrido por la noche y ya mañana u otro día lo recorreremos de día.