Miguel Terán, conocido en el ámbito artístico como Mike el Indigente, ha desarrollado una obra visual que cruza los límites entre diseño, pintura, ilustración, música y escritura.
Su formación en diseño industrial por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí lo llevó inicialmente a la gráfica promocional, diseñando flyers para la banda que integraba, White Cleaves. Desde ahí comenzó a construir un lenguaje visual que, con los años, se ha convertido en una plataforma de expresión íntima y multidisciplinaria.
“No queríamos soltarte”, su mural ubicado en la terraza del Museo de Arte Contemporáneo de San Luis Potosí (MAC), es una pieza que sintetiza muchas de las constantes en su trabajo: el uso de símbolos personales, el duelo como tema central, y una estética de colores vibrantes que dialoga con el dolor sin embellecerlo. “Ese mural tiene una… es una cosa muy personal. Es una situación que vivimos mi familia y yo acerca de mi mamá que tenía cáncer terminal… refleja a nosotros como aferrándonos a que ella esté aquí”, explica.
La imagen principal del mural es un delfín sostenido por rosas con ojos que lloran. Para Terán, el delfín representa a su madre: “Cuando dibujo o cuando pienso en mi mamá la dibujo como un delfín… era un animal que a ella le gustaba mucho”. Las rosas, que simbolizan a la familia, están aferradas a ese delfín que ya brilla, una metáfora de un ser querido que comienza a abandonar este plano de existencia.
El mural no fue concebido para responder al entorno arquitectónico ni temático del museo. “No me interesa que el mural tenga que ver con el MAC o con el Centro Histórico. A mí lo que más me importa es que la gente pueda convivir con ese lugar”, comenta. Sin embargo, buscó crear una experiencia de altar urbano al colocar velas y diseñar el espacio como un sitio donde los visitantes pudieran dejar fotos de sus seres queridos fallecidos. “Mi idea es ver la manera en la que la gente que haya vivido como esa misma situación lleve como sus fotos de sus familiares… algo como ya colectivo”.
OBRAS CON BRILLO
A nivel técnico, trabajó con pintura vinílica de muro y marcadores Posca de trazo grueso, enfrentándose al calor intenso de la terraza como principal reto. La estética de colores primarios como rojos, verdes, amarillos, es una constante en su obra: “No porque algo sea triste o doloroso significa que tenga que ser feo… todas estas obras tienen mucho brillo”.
Otro elemento distintivo son los ojos en sus personajes, una marca que ha mantenido durante más de cinco años. “Lo que me dijo alguien en una expo es que es como si estuviéramos viviendo la vida así, como pasándola nada más por pasarla… como si estuviéramos en hipnosis”. Esta mirada vacía o suspendida conecta con una visión crítica del presente, donde lo emocional parece diluirse en la rutina.
Aunque su formación es en diseño industrial, Miguel ha desarrollado un lenguaje visual que se aleja de la lógica funcional del diseño. “Obviamente pues mi chamba de ilustrador, pues sí, ¿no? Pero pues no va por ahí… yo ya no lo siento tanto como diseño”. Este distanciamiento se refleja también en su producción, donde cada pintura, mural o canción parte de experiencias personales. “No puedo hacer como un dibujo equis, todo tiene que ver con lo que hay. Porque al final sí es una parte de mí”.
CONEXIÓN, OTRA CONSTANTE
Esta conexión entre imagen y música es otra constante. Muchas de sus obras nacen de canciones o de poemas que él mismo ha escrito. En el caso del mural del MAC, “el mural nació del poema”. Miguel comenzó escribiendo canciones como forma de expresión emocional, y hoy en día muchas de sus piezas gráficas están cruzadas por esas composiciones: “Muchas obras que tengo son canciones que yo ya había hecho. Y al revés, muchas piezas que tengo… se volvieron canciones”.
LOS PECES DE MI PECERA
Uno de sus proyectos anteriores, la exposición Los peces de mi pecera, se construyó a partir de esa misma lógica. La muestra reunió piezas donde abordaba problemas de la vida adulta utilizando imágenes de la infancia, en particular animales acuáticos, una referencia a su niñez en Ciudad Valles. “Yo de niño tenía muchas peceras… crecí en Valles, está rodeado de agua… lo que pretendía ese proyecto era contar mis problemas de la vida adulta con imágenes de mi infancia”.
Entre sus influencias menciona a Moebius, por el uso del color y su estilo narrativo galáctico. “Moebius me gusta mucho… como usa los colores y también como cuenta las historias”. Aunque le gusta el cómic, en este momento su interés está centrado en la pintura.
El nombre Mike el Indigente surgió en sus años de universidad. “Me la pasaba en maderas y metales y siempre estaba lleno de acerrín… la gente me empezó a decir el indigente y por eso se me quedó”. Aunque fue un apodo informal, terminó por adoptar ese seudónimo artístico, resignificándolo como una señal de independencia creativa.
UNA NUEVA EXPOSICIÓN
Actualmente trabaja en una nueva exposición que girará en torno a los procesos de duelo, una temática que ha atravesado gran parte de su obra reciente. “No sé para cuándo, pero la idea es como hacer una serie de cuadros reflejando un tema. Y en este caso me voy a vivir más con los procesos de duelo”.
Con una práctica que integra pintura, escritura, música y memoria, Miguel Terán continúa expandiendo los límites de lo visual. Su obra no pretende complacer ni responder a estructuras externas; busca simplemente decir lo que no puede callar, desde lo personal, lo íntimo y lo inevitable.