Presentan, Somos lo que bebemos

La presentación del libro Somos lo que bebemos. Legados y sentidos del patrimonio industrial de las bebidas mexicanas se convirtió en una conversación amplia sobre memoria, trabajo y territorio. El volumen, coordinado por José Ángeles Gámez y Francisco Núñez, fue presentado en el Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí.

Durante la sesión se insistió en que el patrimonio industrial no se agota en lo material. En palabras de Gámez, también está hecho de memorias obreras, saberes técnicos, racionalidades empresariales, prácticas cotidianas y formas de sociabilidad que se tejen alrededor de la producción y el consumo de bebidas como el mezcal, el vino, la cerveza o el café. 

Desde esta perspectiva, el libro propone mirar el patrimonio como un sistema vivo, en constante transformación, y no como una herencia que deba ser congelada.

Se subrayó cómo el patrimonio industrial puede leerse desde lo social y lo inmaterial. 

Al analizar el texto dedicado a cantinas y espacios de consumo, se destacó que estos lugares —aunque no monumentales— forman parte esencial del ecosistema industrial de las bebidas, pues ahí se construyen identidades, redes de apoyo, rituales y memorias ligadas al mundo del trabajo.

 “Si el patrimonio industrial cuenta cómo se producía, también debería contar cómo se vivía siendo trabajador”, fue una de las ideas que atravesó la intervención de Diana Blanco Robledo.

Blanco Robledo también puso énfasis en los capítulos dedicados al vino artesanal, particularmente en el caso de Parras, Coahuila, donde se muestra que lo artesanal no es un vestigio del pasado, sino un sistema productivo que dialoga con procesos industriales, turísticos y comerciales contemporáneos. Desde esta lectura, el patrimonio no reside únicamente en grandes bodegas o edificaciones históricas, sino en los saberes transmitidos por la práctica, en las estrategias de subsistencia familiar y en la relación entre territorio, clima y trabajo.

A lo largo de la presentación quedó claro que Somos lo que bebemos no busca definir el patrimonio industrial desde una sola disciplina, sino abrirlo a un cruce de miradas históricas, antropológicas, arquitectónicas y sociales. El libro propone entender las bebidas no solo como productos, sino como expresiones culturales que articulan procesos productivos, prácticas de consumo, memorias laborales y sentidos de pertenencia.