LLAMARADA

Hay días como estos, los ha habido antes y los habrá después, en que las llamaradas rompen el aire destruyendo todo a su paso. Lo de menos es el concreto volviendo a su origen; piedra que se hace polvo, como cuerpo que se hace arena. No existe en el mundo, a menos que lo ignore, rezo, plegaria o mantra que vuelva a integrar los cuerpos que se extinguen día tras día, dejando de ser materia y pasando a ser estadística.

Quiero dejar de hallarme leyendo alguna noticia que altere mis nervios, sofoque mi aliento y confunda mi paz. Pero no puedo, mudarse es dejar el fuego para vivir en un volcán.

Habito este mundo como quien mira de lejos; un transeúnte que ignora los peligros que aquejan la ciudad.

Un vouyerista miope que aún cree, si cabe la palabra, en la esperanza.

ADONAI URESTI