De nada sirven los adioses cuando el cuerpo
no abandona los espacios que habitamos.
Cruzar los dedos, prender las velas, un rezo y la noche.
No se va quien permanece en el aroma del incienso,
en los colores del vino y en los abrazos pasados.
Elijo guardarte en mi casa y cuando digo casa
te hablo de la mente, mi vientre y mis manos.
Te sostengo como quien no paga renta
en los lugares donde siempre es bienvenido.
Elijo soltarte para cuando quieras irte,
sabes que nunca me acuerdo de cerrar con llave.
Habítame tú que sabes cómo encontrarme
cuando yo insisto en esconderme.
Los adioses no se dan cuando no quieres despedirte.
se dan cuando son necesarios,
pero aún no es el momento.
IG: Adonai.Uresti