Aval con propiedad y sin miedo de perderla.
La mitad de tu sueldo y dos tercios de tu alma.
Tres cuartos completos, remodelación pendiente y goteras que simulan un bungalow del sur.
Baño y medio con ventilación al techo, que no se pierda la costumbre de mirar las nubes como quien busca la forma de huir.
Patio trasero sin pavimentar, todos necesitan un lugar dónde enterrar sus miedos. Digo enterrar por no decir posponer los sueños, las ganas, el hambre.
Cocina sin estufa, no te enfades, ni el mejor fuego ni la sal del Himalaya ni los aceites de oliva le darán la sazón de mamá a la comida que intentes preparar.
Cuelga en los tendederos el título universitario y la carta de buena conducta; necesita orearse tu falsa modestia.
Ya no hay más gritos de papá, pero si los hubiera, el sótano está adaptado para que el llanto no se escuche en los terrenos cercanos.
Se renta casa, nadie dijo que un hogar.
Adonaí Uresti