PURO CUENTO

EL PUPITRE

Para Francisco J. Zamudio

Al retumbar el timbre anunciando el fin del receso, todos regresaron al salón. Era aquello una acumulación de olores y humores que se almacenaban alrededor de los pupitres. Sudor destilado que resbalaba por las espaldas de los que jugaron futbol, olor amor adolescente de los que, aventureros, se besaban atrás de la conserjería, olor a diversos platillos de calidad regular. Solo uno no salía al receso. Paco todos los días se quedaba dentro del salón.

Llegó a liarse más de una vez con sus compañeros, pues le arrojaban bolas de papel, pedazos de goma, orillas de sándwich del melindroso de la esquina, en fin, se paraba de su asiento y con actitud elocuente trataba de arreglar las cosas. Nunca llegó a los golpes, pero varias veces lo escuchamos gritar un sonoro: “púdranse todos”.

En una ocasión, el maestro de historia nos convocó a una reunión en el auditorio de la escuela, que también era la cancha de básquetbol. La charla era para organizar la feria de capacitaciones anual, para mostrar a los alumnos más jóvenes lo que hacíamos los estudiantes más grandes en nuestros talleres y que se inscribieran en ellos. Paco no quiso en la ciudad deshacía la tranquilidad pasada.

Oficiales de Protección Civil se encontraron con huesos quebrados y miembros esparcidos. Todo era polvo, todo era cal, silencio de nuevo. Revisaron las instalaciones, las cifras aumentaban en el auditorio. La última aula, tercera fila, Paco despierta y quita sus audífonos. ¿Ya terminó la junta? 

IG: Adonai Uresti

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