Si en algunas piezas de Artistas, no musas la experiencia personal funciona como punto de partida, otras propuestas se abren hacia el contexto social o hacia la interacción directa con quienes recorren la muestra.
En la exposición que se presenta como parte del cuarto Festival de Creadoras Visuales en el Centro de Difusión Cultural “Raúl Gamboa”, varias artistas plantean obras que buscan activar preguntas más allá de la contemplación.
EL ARTE COMO TRINCHERA
En el caso de Lorena “Heter” Gómez, su participación reúne dos piezas que se sitúan entre lo personal y el eco común. Por un lado presenta la escultura “La calma”, una obra que aborda la resiliencia personal y la posibilidad de reconstruirse después de atravesar momentos difíciles. La pieza surge de una reflexión sobre los procesos emocionales y la búsqueda de estabilidad frente a las adversidades.
Al mismo tiempo, su trabajo también se vincula con una realidad social más amplia. En el dibujo “Las maquinitas”, la artista aborda el tema de las desapariciones en México y rinde homenaje al trabajo de los colectivos de madres buscadoras que continúan recorriendo el país en busca de sus familiares. “El arte también es trinchera”, afirma.
Desde esa perspectiva, la práctica artística se convierte en una forma de acompañar y visibilizar esas luchas. Para la artista, cada caso representa una historia concreta que no debe diluirse en las cifras. “Ninguno de los desaparecidos es solo un número”, señala.
EL “YO” SE VUELVE “NOSOTRAS
Una forma distinta de diálogo aparece en el trabajo de Lucero Valdez artista oaxaqueña, quien desarrolla instalaciones participativas donde el público forma parte activa de la obra. En piezas como “Alas de libertad” y “Anónimo”, las personas que visitan la exposición pueden escribir pensamientos, emociones o reflexiones personales que pasan a integrarse al proyecto.
Con el paso de los días, las piezas se transforman a partir de esas intervenciones, convirtiéndose en un registro colectivo de experiencias. “Me interesa que el público no sea únicamente espectador, sino parte del proceso de construcción simbólica de la obra”, explica la artista.
En ese intercambio, las instalaciones se convierten también en un espacio de escucha y expresión emocional. Los mensajes anónimos que se acumulan en la obra revelan inquietudes, recuerdos o deseos que encuentran en el espacio artístico un lugar para ser compartidos. “El arte también puede funcionar como un espacio terapéutico”, agrega.
LA INTROSPECCIÓN COMO PUENTE DE CREACIÓN
Por su parte, María Carlock presenta una pieza que dialoga con su propio proceso creativo y con la manera en que las experiencias personales se transforman en lenguaje visual. Para la artista, la obra que integra en Artistas, no musas surge de una inquietud que ha estado presente en su trabajo reciente: explorar cómo las emociones, la memoria y los procesos internos pueden traducirse en formas, materiales e imágenes.
Su pieza “Lo hago hoy” parte precisamente de esa búsqueda. A través de ella, Carlock plantea un ejercicio de introspección que invita a las y los espectadores a acercarse a la obra desde su propia experiencia. Más que ofrecer una interpretación única, la artista busca abrir un espacio donde cada persona pueda proyectar sus propias lecturas.
En ese sentido, le interesa que el público se enfrente a la obra desde la curiosidad y la reflexión, permitiéndose cuestionar aquello que observa y lo que la pieza despierta en su interior.
La artista también señala que participar en una colectiva como esta modifica la manera en que las obras se perciben. Al compartir espacio con decenas de creadoras, cada pieza se inserta en una conversación más amplia donde diferentes preocupaciones, lenguajes y procesos se encuentran.
Haber sido parte del Festival de Creadoras Visuales desde sus primeras ediciones —incluso con una muestra individual— le permite reconocer cómo este espacio ha crecido con el tiempo y cómo ha contribuido a fortalecer una comunidad de artistas que comparten inquietudes y reflexiones sobre su práctica.
HABITAR EL ARTE
En conjunto, las propuestas de Lorena “Heter” Gómez, Lucero Valdez y María Carlock muestran cómo el arte puede abrir distintos niveles de conversación: desde la memoria y la denuncia social hasta la participación directa del público o la exploración introspectiva.
Dentro de Artistas, no musas, sus obras amplían el alcance de la muestra colectiva y confirman que la creación artística también puede ser un espacio para activar preguntas, compartir experiencias y construir nuevas formas de mirar la realidad.