“RENOVAR MATERIA, EXPRESAR LA VIDA”

Con su muestra, Alberto López Pasquali propone una mirada que parte de lo cotidiano para abrir preguntas más amplias sobre la existencia humana

La exposición “Renovar materia, expresar la vida”, del artista potosino Alberto López Pasquali, propone una mirada que parte de lo cotidiano para abrir preguntas más amplias sobre la existencia humana y se encuentra expuesta en el Museo Federico Silva, Escultura Contemporánea.

A través de esculturas construidas con objetos en desuso y materiales de desecho, la muestra se configura como un espacio donde lo aparentemente simple adquiere una carga de significado que interpela al espectador desde distintos niveles.

DE LO DESECHADO AL SIGNIFICADO

Lejos de plantearse como un ejercicio meramente formal, la obra de López Pasquali surge de una necesidad personal de expresión. El artista encuentra en los materiales descartados un punto de partida para articular reflexiones vinculadas con la psicología, la experiencia individual y la condición humana en su conjunto. “Hay una necesidad de expresar algo que pueda relacionarse con la existencia humana”, señala en entrevista para Periódico Pulso Diario de San Luis, dejando ver que cada pieza responde a una inquietud más profunda que lo estrictamente visual.

El proceso creativo no parte de una idea cerrada, sino del encuentro con los objetos. Las formas, según explica, ya contienen en sí mismas un potencial expresivo que se activa al ser ensambladas. Es en esa relación entre fragmentos donde se construye una unidad: piezas de distintos orígenes se integran hasta conformar una expresión sólida, capaz de comunicar una visión particular del mundo. Así, el ensamblaje no solo es un recurso técnico, sino una forma de pensamiento.

EL ENSAMBLAJE COMO FORMA 

DE PENSAMIENTO

En este sentido, la exposición dialoga con la idea de resignificar lo ordinario. Sin embargo, más que embellecer los objetos, el artista busca provocar una confrontación. Su trabajo apunta hacia una lectura crítica del comportamiento humano: la dificultad de mirarse a uno mismo, la tendencia al egoísmo o la inconsciencia en la vida cotidiana. La ironía presente en varias piezas funciona como un recurso para evidenciar estas tensiones, revelando aspectos de la realidad que suelen pasar desapercibidos o que, deliberadamente, se evitan.

Aunque cada obra parte de una intención específica, López Pasquali reconoce que el sentido no es fijo. La interpretación queda abierta a la experiencia del espectador, quien completa el proceso desde su propia percepción. En ese intercambio, la pieza se convierte en un detonador de reflexión más que en un mensaje cerrado. “Cada quien verá lo que quiera o lo que pueda ver”, afirma, subrayando el carácter subjetivo de la experiencia estética.

La muestra se centra principalmente en la escultura, aunque incluye elementos pictóricos que funcionan como una extensión del lenguaje tridimensional. Estas piezas, trabajadas con relieves, evidencian la exploración material y contribuyen a la construcción del ambiente expositivo, sin desplazar el protagonismo de los ensamblajes.

UN ESPEJO INCóMODO DEL SER HUMANO

Un aspecto que atraviesa la propuesta, aunque no siempre de manera explícita, es la dimensión simbólica ligada a lo energético y lo ancestral.

En algunas obras, como la titulada Epigenética, el artista aborda la idea de que el ser humano carga no solo con su historia individual, sino también con una herencia emocional y simbólica que se transmite a lo largo del tiempo. Esta perspectiva amplía la lectura de la exposición, situándola en un terreno donde lo material y lo intangible se entrelazan.

La incomodidad que propone la obra no se construye desde lo evidente, sino desde desplazamientos sutiles que, en muchos casos, se presentan bajo una apariencia casi lúdica. La ironía funciona aquí como un recurso central: no busca suavizar el mensaje, sino hacerlo más incisivo. Algunas piezas pueden leerse incluso desde el humor o el absurdo, pero en ese gesto se filtra una observación crítica sobre la manera en que operamos como individuos. El propio artista lo plantea como una forma de evidenciar comportamientos: “así somos los humanos”, aun cuando no siempre estemos dispuestos a reconocerlo.

Como él mismo artista sugiere, existe una resistencia constante a mirarse a uno mismo, a aceptar ciertos rasgos de la propia conducta. De ahí que muchas veces la obra sea leída desde otros lugares, desviando el sentido original, pero confirmando al mismo tiempo la diversidad de percepciones que atraviesan la experiencia estética.

Esta dimensión crítica también dialoga con el presente. El escultor apunta hacia un contexto marcado por la manipulación, el egoísmo y la inconsciencia cotidiana, donde las dinámicas sociales tienden a operar de forma casi automática.

 Sin convertir su obra en un discurso explícitamente político, sí deja entrever una preocupación por la manera en que habitamos el mundo y nos relacionamos con los otros. 

En ese marco, cada pieza se vuelve una especie de señal: un llamado a detenerse, a cuestionar lo que parece dado, y a reconsiderar el papel que cada individuo desempeña dentro de una realidad compartida.

LA NECESIDAD VITAL

Más que ofrecer respuestas, “Renovar materia, expresar la vida” plantea una serie de preguntas abiertas sobre la manera en que habitamos el mundo y nos relacionamos con lo que nos rodea. En este recorrido, los objetos dejan de ser elementos funcionales para convertirse en portadores de sentido, capaces de revelar, en su transformación, nuevas formas de mirar lo cotidiano.

Para López Pasquali, la práctica artística no representa un punto de llegada, sino un proceso continuo. La exposición se inscribe así dentro de una búsqueda constante, donde crear no es solo producir obra, sino una forma de entender y atravesar la vida misma.