Pbro. Lic. Salvador
González Vásquez
Ante la desesperación, hay quienes se preguntan: ¿ En dónde está la salvación? Y si Jesús vino para salvarnos, entonces ¿Por qué no sentimos su mano protectora?
Hay días, en que el ambiente se torna gris; y ya no le vemos el color a la existencia. Y como dijo Ortega: “El gris, es el ascetismo del color”. Porque algunas veces nos sentimos azotados por el golpe de vida, que ya no le vemos su color a la existencia.
Y al sentirnos hundidos, ya no vemos la mano que nos redime. Pero, hay que recordar, que estamos sujetos al tiempo. Y éste, es nuestro límite.
Porque la salvación, llegará a su debido tiempo, no de manera instantánea; y por eso, es necesario dejar que transcurra el tiempo, para que nos pueda llegar la salvación.
ESPERANZA
Y si la espera es muy prolongada, también hay qué preguntarnos: ¿Que podemos hacer, mientras llega la salvación? Por lo pronto, será indispensable vivir de la esperanza. Ésta, es el inicio de una vida al rescate.
Porque cuando no hay esperanza, solo existe la desesperación; y así, no es posible que estemos a salvo.
En esta vida, que está sujeta al tiempo, la salvación, se encuentra en la esperanza. Y si ésta se pierde, entonces acabaremos perdidos.
Ya lo dijo el Papa Benedicto XVI: “…la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente”. (Spe Salvi).
SABER ESPERAR
Dios comenzó a salvarnos, en el momento en que nos infundio la virtud de la espera. Ésta, es la fuerza que necesitamos para seguir viviendo; y así contar con la certeza, que algún día podremos llegar a la meta.
Pero, no solo hay que esforzarnos en esperar, es necesario pedir constantemente el don de la espera.
Ya qué, en esta vida, nuestra única salvación será la esperanza.