Volvamos a conectar con Dios

Pbro. Lic. Salvador González Vásquez

La naturaleza no tiene la última palabra; sus leyes no son determinantes. y aunque parezcan exactas, la ciencia tiene su margen de error. 

Y Dios, que siempre saca de los males bienes, puede hacer que la naturaleza falle anuestro favor.

Porque las leyes naturales, no siempre nos favorecen;  y hay tiempos, en que la naturaleza se vuelve en  contra nuestra. Pero lo más grandioso, es que Dios está de nuestro lado.

Y el Señor, que está por encima del cosmos, es quien domina las fuerzas cósmicas; ya que Él, es el creador del universo, y es quien dictó las leyes de la naturaleza.

MILAGRO

Por tal razón, Dios tiene poder para hacer que la naturaleza nos favorezca. Y es a eso, a lo que llamamos un milagro.

El Señor puede hacer cambios naturales, y salvar al hombre de las inclemencias de este tiempo.

Y hoy, en el Evangelio, nos da una muestra de ese poder: “A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron, y decían: ¡Es un fantasma! Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: Tranquilicense y no teman. Soy yo”. (Mt.14,25-26).  

Ahora contemplamos a un Cristo, que puede caminar sobre las aguas, y puede desafiar el oleaje del mar. Y con eso, se pone de manifiesto el poder de divino, que está por encima de las fuerzas cósmicas.

FE 

Por tanto, no hay que temer al determinismo natural; porque Dios puede salvarnos del rigor de sus leyes. Pero es necesario recuperar la fe en el Señor.

Hay que volver a conectar con Dios. Porque hasta ahora, hemos vivido desconectados del ser Divino; ya que hemos creído, qué sin Dios, podemos dominar el mundo. 

Y hoy, la vida nos recuerda, que no somos el “todopoderoso”, y es urgente volver hacia el que todo lo puede; porque Dios, es el único que puede salvarnos.

Que no nos suceda lo qué a Pedro, que en un instante caminó sobre las aguas, pero el viento lo distrajo; y al perder de vista al Señor, comenzó a hundirse, y empezó a sentir miedo.

Y lo dice Mateo: “Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: ¡Sálvame Señor! (Mt.14,29-30).

Las inclemencias de la naturaleza, pueden llevarnos a perder la fe. Y con el golpe del viento, vamos a sentir que nos hundimos. 

CREER EN ÉL 

No olvidemos, que Dios, con una orden, puede calmar la tempestad. Pero hay que estar en contacto con Él, para que podamos recuperar la armonía.

Pedro fue sostenido por la mano del Señor, que lo reprende y le dice: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?. (Mt.22, 31). Y después de todo esto, el viento se calmó.

Volvamos a creer, para que la tormenta se calme. Ya no dudemos más, y volvamos hacia Dios, para que todo vuelva a la normalidad.

Hay que volver a conectar con Dios. Hay que creer en Él, y caminar tomados de su mano. Para que así, podamos desafiar las tormentas de la naturaleza.