Mientras que la ciudad empieza a sufrir los efectos de las acciones de protestas de personal médico en el IMSS y en el Hospital Central, no se ha observado a ninguna autoridad mostrar una respuesta empática a los actos generado por el hartazgo de trabajadores ante las malas condiciones que enfrentan.
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La ciudad resintió ayer temprano este enojo, con el bloqueo de la glorieta Bocanegra que realizaron trabajadores del Morones Prieto, que sumió a esa parte de la ciudad en el caos vial. Las facultades de la UASLP en la zona fueron de las más afectadas.
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En contraste, desde palacio de gobierno, el secretario General Guadalupe Torres Sánchez, se lanzó el amago de que habría “consecuencias” si se mantienen los bloqueos y se afecta la “paz social”.
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Y las cosas se van a complicar hoy, con una marcha de trabajadores del Seguro Social que empezará en la carretera 57, recorrerá el centro y llegará a la sede del sindicato de la dependencia, en la calle de Cuauhtémoc.
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De las tres ediciones del oneroso capricho del gobernador Ricardo Gallardo Cardona, el Campeonato Nacional Charro, esta ha sido la más desolada.
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Pareciera que en las jornadas que se han desarrollado desde su inauguración, el pasado viernes, hay más gente en el ruedo que en las tribunas.
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Las gradas vacías son una prueba del fracaso del presunto objetivo oficial de atraer al estado tres ediciones del campeonato del deporte favorito del mandatario: impulsar el interés en el deporte nacional.
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Las transmisiones del campeonato en la plataforma de Youtube de la Federación mexicana de Charrería, además de las desairadas jornadas, muestran comerciales del Ron Potosí, empresa cuyos derechos de marca comercial pertenecen a una compañía cuyas accionistas son la madre y la hermana del mandatario, y de la cual la senadora Ruth González es comisaria.
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El objetivo de los campeonatos puede ser loable, pero si desde el primer campeonato celebrado aquí se tenía que llenar la sede con acarreo de estudiantes, queda claro que la población no tiene interés en la charrería.
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En ese sentido, las enormes sumas del erario dedicadas a estos campeonatos hubieran tenido un destino más productivo. Pero esa cifra es imposible de determinar debido a que, desde la primera edición de los campeonatos, el gobierno gallardista ha sido muy eficaz en ocultar los montos que ha canalizado.