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La información sobre el descenso de la afluencia de pasajeros en varias líneas de transporte urbano de la Zona Metropolitana implica un golpe severo al plan de un millonario rescate con recursos del erario que los concesionarios están impulsando y a la vez, revela un riesgo latente que puede detonar en el medio o largo plazo.

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Al menos cinco líneas, de acuerdo a una revisión sobre los registros de Urban Pass, el sistema de boletaje electrónico de servicio, expone descensos de entre el 15 y el 60 por ciento en las personas que han dejado de utilizar el autobús como medio de transporte principal.

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En el resto de las líneas, el promedio de baja es el 26.6 por ciento.

Los concesionarios ubican el descenso como un resabio de la pandemia de Covid, pero de eso ya han pasado seis años. El aumento de otras modalidades de servicio público, como los taxis o las plataformas y el crecimiento del parque vehicular particular también son señalados.

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Y, aunque tímidamente, se señaló al sistema Red Metro, el servicio gratuito gubernamental, como factor de esta baja. 

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Habría que conocer las estadísticas de pasajeros del sistema para conocer qué parte del mercado de los concesionarios se “comió” la red. Pero hay que reconocer que cierto impacto ha de haber en un programa que, en la práctica, es competencia desleal.

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El problema con el proyecto de los concesionarios, que piden alrededor de dos mil 800 millones de pesos para el recambio del parque vehicular e incluso reponerles presuntas pérdidas, es que está pensado para recuperar un antiguo esplendor que actualmente ya no es posible mantener.

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Si la demanda del servicio ha disminuido, no tendría caso recuperar unidades que, de cualquier modo, seguirían vacías.

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Y también será necesario pensar que el sistema gratuito instituido por el gobierno gallardista, un hoyo negro que se traga millones de pesos del erario, podría ser, por este hecho, de una duración limitada.

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Cuando, por falta de recursos para subsidiar el transporte urbano, o llegue un gobierno que opte por ya no continuarlo, se acabe la gratuidad del servicio, el sistema tendrá un nuevo desafío.

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De nueva cuenta, la UASLP está en problemas por incidentes en sus instalaciones. 

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Primero fue una fuga de cloro en el Centro Interdisciplinario de Atención Universitaria. Luego, un flamazo con una fogata en la Plaza del Estudiante.

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Ahora fue el robo de celulares en la Zona Universitaria Poniente a estudiantes por parte de personas ajenas a la institución.

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Con tres señales como esa, la estrategia de seguridad en las instalaciones universitarias necesita un reforzamiento.