Alcanza a la industria Hasta fútbol en semáforo rojo

Con alrededor de 450 contagios de coronavirus COVID-19 contados hasta ahora en empleados, la pandemia ha alcanzado la Zona Industrial, por lo menos hasta ahora sin noticias de que hubiera surgido un brote en las empresas, sino la llegada de obreros o personal en general que llega contagiado desde el exterior. La pandemia está en su apogeo, y se ve muy poca participación social para disminuirla.

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La pandemia ha cobrado tal cantidad de víctimas, que poco a poco aparecen conocidos, familiares o compañeros cercanos que fueron atrapados por el virus, algunos murieron, otros se debaten entre la vida y la muerte y hay otros que libraron las etapas de la infección. Se han convertido en un universo tan común, que ahora llegan a la iglesia, a las tiendas, a la escuela o a las empresas, ya invadidos por un virus que atrajeron de algún enfermo que no se resguardó en casa.

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Así aparecen poco a poco víctimas que ya tienen nombre y apellido, y fueron contagiadas en sus áreas de trabajo esenciales por otros que no guardaron su distancia, y que incluso no tuvieron la precaución de evitar el contacto con otros, que ya venían contagiados. Asisten, por lo general, a puntos de reunión que por cierto, desde hace años cuentan con licencias de funcionamiento de giros que en realidad no desempeñan.

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Este domingo, vecinos de la zona rosa de nuestra ciudad denunciaron la operación impune de un bar con nombre de un color muy próximo al negro, que en plena luz del día abarrota de pamboleros sus mesas de dotación de botana y cerveza, para presenciar por televisión un encuentro deportivo del Atlético San Luis, con cero medidas de distanciamiento social y consumo excesivo de alcohol. Son de esos bares que la Dirección de Gobernación hace como que no ve y la Dirección de Comercio ni siquiera visita con una hoja de sanciones. El establecimiento denunciado por los vecinos se localiza en el crucero de Amado Nervo y Valentín Gama.

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Como esa irregularidad, la ciudad muestra un escenario de múltiples anomalías originarias de un monstruo llamado irresponsabilidad, que hace cargo de conciencia para las centenares de personas que pudieron evitar el contacto con personas contagiadas de coronavirus o con personas infectadas que a pesar de ello se presentaron en reuniones o fiestas, y hoy mantienen enlutadas familias de comerciantes médicos, enfermeras, sacerdotes, estudiantes, profesores y hasta servidores públicos de elección popular.

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Todavía abundan los lugares donde en medio de la ignorancia, personas de escasa escolaridad o contaminadas de desinformación, toman decisiones tales como no portar cubrebocas ni exigir que sus clientes lo hagan en el caso de tiendas, y ponen a clientes y familiares en grave riesgo de contagiarse de coronavirus COVID-19. La típica pregunta “¿será?”, es la muestra inequívoca de la ignorancia, y de que a veces es más fácil hablar del chupacabras como una verdad, que de la mortandad a los alrededores por una enfermedad contagiosa.

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En otros casos, el círculo de la corrupción mantiene abiertos los negocios que la autoridad no ha cerrado a pesar de incluir el giro mercantil, y que hasta transmiten partidos de fútbol con jóvenes que acuden a emborracharse sin importar la posibilidad de que adquieran algún virus que termina matando a la abuelita, al papá, al comerciante de la esquina, al párroco, al niño que nació con pulmones débiles, al pariente diabético, al mejor amigo que estaba subido de kilos y su cuerpo no podía procesar anticuerpos para rechazar el virus, a la tía hipertensa, al enfermo de asma o al obrero de la Zona Industrial que sólo luchaba por la oportunidad de mantener su fuente de trabajo.

¡¡HASTA MAÑANA!!