Algo deben estar haciendo muy mal las autoridades cuando sus convencidas negativas respecto de la inseguridad y un clima social de alarma por desaparición de personas, en especial mujeres jóvenes, lejos de convencer, moviliza a dos sectores como los estudiantes de nivel superior y las empresas.
Que representantes universitarios expresen formalmente a la Alcaldía que “la comunidad universitaria no se siente segura”, es un serio llamado de atención. Y señalan en su oficio que les preocupan los reportes de desaparición de personas, en especial por la seguridad de la población estudiantil femenina. La respuesta de la Alcaldía ha sido atender la solicitud de una audiencia para precisar los aspectos que les inquietan y resolverlos.
Hay que reconocer que precisamente la Alcaldía, por el lado de Servicios Municipales, ha atendido añejas demandas de mejorar la iluminación en los exteriores de los campus universitarios del poniente, en aras de mejorar la seguridad de los y las estudiantes en las calles aledañas. Ahora le toca a Seguridad Ciudadana acciones concretas.
Uno de los rasgos que comparten administraciones estatal y municipal es el interés por la atención mediática. El acento, sobre todo en el caso de la administración estatal, parece estar sobre la elaboración de comunicados melosos y laudatorios en un nivel muy básico, pero en la crisis de incertidumbre como la que se ha desatado por las versiones de desapariciones de personas, en especial mujeres, se les atascó la caja de cambios y la utilidad de su sistema ha sido la misma de un florero de Sèvres en el incendio de una gasolinera. Lejos de apagarse el tema, escaló en la semana.
Y no sólo es una crisis de manejo de comunicación, lo es también de seguridad y de transparencia. No han podido, ni la Fiscalía ni las corporaciones, tampoco sus cabezas civiles, dejar claro y con pruebas cuánto de lo que circula en redes sobre raptos, secuestros o ataques a jóvenes mujeres es cierto, con datos, no con negativas simplonas.
Tienen enfrente un fracaso completo en transmitir confianza a una población asustada, más si en sus teléfonos pueden ver videos y escuchar audios que respaldan esas versiones; sus autoridades, en cambio, no logran convencer.
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Mientras en algunas dependencias estatales existen profesionistas que conocen bien el oficio de comunicar y entienden la importancia de transmitir de manera clara un mensaje, hay otras vocerías que no solo exponen sus precariedades formativas con errores ortográficos de nivel básico, sino que informan a medias y de manera confusa respecto a temas tan relevantes como la pandemia de covid-19.
Párrafos redactados a modo de “machotes” en los que se olvidan de incluir las cifras actualizadas; cifras en letra pequeña y en un tono verde casi ilegible o datos globales que obligarían a los lectores a tener un seguimiento diario de los casos registrados para saber cuántos sumar de un día para otro, se han vuelto práctica cotidiana en la Secretaría de Salud.
Quienes se quejaron de que en el sexenio anterior las conferencias de prensa se alargaban demasiado por los detalles excesivos, quizá ahora extrañan la minuciosidad con que se presentaban los datos en aquellas ruedas de prensa que por cierto, ya tampoco existen. Aunque digan lo contrario, parece que la pandemia se acabó y el trabajo de informar decae en cantidad y calidad.
¡HASTA MAÑANA!