Hay bombas de humo que no funcionan. Interrogado sobre el todavía pesado endeudamiento de corto plazo que ha adquirido su gobierno, Ricardo Gallardo Cardona minimizó el asunto, considerándolo manejable y, quizá esperando lograr un contraste favorable, se quejó de la pesadez de la deuda bancaria de largo plazo que le heredaron sus antecesores.
Se trata de los préstamos bancarios de décadas de duración y que se han convertido en un pago casi permanente para todas las administraciones estatales.
El mandatario acusó a sus antecesores de dejarle deuda de largo plazo que superaba los cinco mil millones de pesos.
Se trata de un dato incorrecto. De acuerdo al último reporte trimestral de deuda pública de la administración anterior, que aparece en el Periódico Oficial del Estado, al corte del 30 de septiembre de 2021, los créditos bancarios de largo plazo sumaron tres mil 609 millones de pesos.
Es, desde luego, una suma muy alta, pero no a los niveles exagerados que usó el mandatario. También magnificó el aumento de intereses por ese pasivo. En realidad se pactan al momento de la contratación, y si bien benefician casi siempre al banco con el que se contrata, son manejables y no la elevan.
Tanto que, a contrasentido de lo que afirmó Gallardo Cardona, el saldo a junio de este año fue de dos mil 989.9 millones de pesos. Es decir, ha disminuido casi 620 millones de pesos en este gobierno.
Esto porque los pagos ya están comprometidos, por contrato, con participaciones federales. De hecho, este gobierno no debe pagarlos, pues el descuento lo hace Hacienda de manera automática.
Es decir, no es como señala el mandatario, que la deuda de largo plazo "se hace más grande". Lo que ha crecido desmesuradamente es la deuda quirografaria del gobierno gallardista, que, acumulados todos los préstamos tramitados desde septiembre de 2021, supera con mucho los diez mil millones de pesos, que se han pagado, y se tienen que seguir pagando, con altos intereses. Mayores que los que genera la deuda tradicional.
El gobernador tiene razón en cuestionar a sus antecesores por el endeudamiento que le dejaron, pero él los ha excedido y, al final, comparte el mismo pecado: no explicar claramente si esa deuda ha generado un beneficio a la entidad o simplemente ha servido para tapar hoyos financieros,
Hablando de deudas, el Ceepac sigue arrastrando la cobija en materia financiera. Después de una leve mejora, el reporte sobre la situación económica de los consejos locales que elabora el INE lo vuelve a poner en foco amarillo.
No es un secreto la razón. Andrés Manuel López Obrador descubrió que someter al INE a una creciente presión financiera le daba cierta cuota de poder para influir en lo electoral.
El esquema se copió de manera muy eficiente en San Luis, y tenemos una autoridad electoral en la inopia y, por tanto, incapaz de cumplir plenamente con sus funciones.