Imprudencia mortal Apoyemos todos

La desobediencia civil no tardaría en cobrar la factura. Las imprudencias mortales de potosinas y potosinos en la temporada navideña terminaron por colapsar un de por sí ya muy mermado sistema de salud en sus hospitales de derechohabiencia, y meter en apuros a todo el personal de enfermería y medicina, que bien podía trabajar de una forma un poco más equilibrada con los pacientes que se hubieran generado de una movilidad moderada y hasta involuntaria del virus.

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Pasó la última quincena de diciembre, y las autoridades sanitarias federal y estatal en reiteradas ocasiones llamaron a los potosinos a disminuir el contacto con otros y modificar los protocolos de celebración navideña. Ahora, a casi un mes del inicio de las festividades, personas que celebraron la Navidad en grupo, asistentes a fiestas organizadas en forma imprudente justo en medio de la pandemia y generadores de actividades innecesarias, contribuyeron grandemente a generar las condiciones para movilizar virus.

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En medio de la sordera de las propias autoridades responsables de suspender los eventos, por donde quiera aparecieron bares abiertos hasta la madrugada, centros de reunión y fiestas masivas, y hasta celebraciones de diferentes compromisos sociales que tradicionalmente involucran invitaciones a personas del más alto aprecio de las personas que son el centro de atención de la celebración o sus familiares. Precisamente para estos últimos, los protocolos de atención quedan a criterio de los organizadores o los responsables de prestar los servicios. Sólo los involucrados saben si se asegura que el virus no se distribuye.

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Todavía este viernes, personas involucradas en la organización de fiestas, concentraban personas en reuniones de XV Años (hasta una camioneta Hummer modificada de color rojo transportaba grupos completos de niños sin cubrebocas, asomando la cara al aire que pudiera estar viciado de coronavirus. Aún este viernes, se concentraban grandes cantidades de gente en el Centro Histórico, incluyendo aún familias enteras cuyos padres no fomentan ni siquiera el uso del cubrebocas ni el distanciamiento, ni mucho menos prohibir a los niños tocar cualquier objeto que pudiera estar contaminado.

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Las consecuencias catastróficas para la economía con un segundo semáforo rojo, apenas se van a ver, y de ellas, hay miles de responsables, desde ciudadanos que prefirieron movilizar el virus y mandar personas vulnerables al hospital incluso con el alto costo de la muerte, que tomar medidas de distanciamiento y de cuidado tanto de la higiene como de las vías respiratorias. La factura para la economía será cobrada, dicho coloquialmente, a justos y pecadores sin distingo.

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Del manejo de la pandemia es posible analizar cualquier ángulo. Sin embargo, sin la colaboración de los potosinos que siguen moviendo la ola infecciosa, es muy poca la esperanza de que las condiciones generales de salud mejoren en los próximos meses. Más peligroso aún, es el hecho de que el gobierno ni siquiera tiene un plan concreto para adquirir en forma oportuna vacunas suficientes para la población general. Si el Gobierno Federal se organiza o no, lo urgente es que cada potosina y potosino asuma su responsabilidad. En San Luis no nos merecemos tantos muertos por irresponsabilidad de pocos. Apoyemos todos a los que están en riesgo.

¡HASTA MAÑANA!