Según el reporte más reciente de las autoridades sanitarias, ya hay en la entidad dos casos de la variante Ómicron de Covid-19 además de otros cuatro casos sospechosos.
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Podría decirse con gran seguridad que tal cifra sería apenas la punta de la madeja de una cifra mayor de casos, ya que apenas estaría la entidad preparada para identificar con toda precisión esta nueva versión del virus.
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Esta semana, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) informó que estaba por recibir los elementos necesarios para identificar la variante en una muestra analizada.
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La Secretaría de Salud anunció por su parte que recibirá 200 mil análisis para aplicárselos a quienes presenten síntomas de la enfermedad y deseen tener una certeza sobre si la padecen o no.
Las pruebas se aplicarán en el Centro de Convenciones, el Palacio de Gobierno y en el Hospital Central, aunque no se ha establecido si el servicio será para la población en general o solo para aquellas personas que no están afiliados a servicios de seguridad social como los del IMSS y el ISSSTE.
Acciones similares ha convocado multitudes en la Ciudad de Mexico, en donde el gobierno capitalino reactivó los llamados kioscos de pruebas a los que puede acudir todo aquel que lo desee, siempre y cuando vaya armado con una enorme paciencia.
Lo cierto es que la cruda de la borrachera decembrina está resultando por demás desagradable, ya que durante los días de fiesta se relajaron en exceso las medidas preventivas indispensables.
Ojalá la situación no se vuelva a salir de control y ahora sí resulte cierto lo dicho por el presidente Andrés Manuel López Obrador y la nueva oleada no traiga aparejada una nueva saturación de los servicios de salud y, lo más triste, más decesos.
Por lo pronto una primera reacción de parte de las autoridades estatales fue la de apagar la luz y bajar la cortina de la “llamativa” decoración navideña del Centro Histórico.
Junto con el árbol se van todos los demás adornos y la Plaza de Armas ya no será más una villa navideña. Se requería. Ojalá los espacios liberados no sean ocupados ahora por comerciantes ambulantes que impidan la libre circulación de peatones, así como mantener la sana distancia.
Ya para cerrar con los temas relacionados al área de la salud, mal inicia el año en el IMSS. Derechohabientes señalan que ya hay una crisis por el prolongado desabasto de insulina, un producto vital —literalmente— para aquellas personas que padecen diabetes.
No es el único medicamento que escasea, pacientes de otras enfermedades crónicas señalan que tampoco reciben a tiempo sus medicamentos. Algunos, los de mayores posibilidades monetarias deben comprarlos por su cuenta, aun y cuando ello represente un fuerte golpe a su economía. Quienes no tienen modo, exponen su vida en la espera de que llegue el necesario fármaco.
De nueva cuenta motociclistas deben salir a la calle para demandar mayor seguridad. En redes sociales circuló el video que capta el momento en que un repartidor de comida es despojado de su unidad por un trío de hampones.
Los hechos, de acuerdo con la información del denunciante, se registraron cerca de la avenida Ricardo B. Anaya, por lo cual los colegas de la víctima emprendieron por su cuenta un operativo de cacería para tratar de dar con los hampones.
Por parte de la autoridad municipal, todo parece indicar que será hasta después del día 15 de enero, cuando con toda la pompa y circunstancia el alcalde Enrique Galindo entregue las nuevas patrullas a la ciudad, se dará a conocer la estrategia, para ahora sí proteger a la población.
Ahora sí que ¡tiemblen delincuentes!, porque después de día 15 se les acabará la fiesta. A los ciudadanos no nos queda más que encomendarnos a cuanto santo sea posible para que no nos pase nada de aquí a esa anhelada fecha. ¡Hasta mañana!