El niño que necesitaba un poco de luz eterna

CIUDAD VALLES.- La señora Lolita Barragán relató que mientras remozaba la tumba de su esposo, un niño la observaba, recargado desde una cruz, cerca de ella. Los del panteón le informaron que era un niño que se aparecía en ese lugar.

El hecho fue durante los días de Xantolo de hace un lustro, con el Covid todavía aterrando al mundo. Doña Lolita pintaba de color dorado el barandal que rodea el sepulcro de su esposo, Jorge, acaecido de males cardiacos en 2001 y durante un buen rato, la señora había estado completamente sola en ese mar de tumbas del Panteón Municipal.

Dijo haber sentido la mirada de alguien a su derecha y volteó. En efecto, un niño de unos ocho años y de camisa oscura estaba ahí, pero no le sostuvo la mirada y agachó la cabeza.

Ella siguió con su faena, sin dejar de sentir la mirada del infante, que se ubicaba a unos dos metros de los pies de la tumba de su esposo, pasando el pasillo. Luego de un rato el niño se fue o desapareció, que para el caso, daba lo mismo.

Doña Lolita informó sobre el niño que recién había visto a un trabajador de la construcción que suele hacer talacha en el Panteón y éste, conociendo el lugar de la tumba que le referían, explicó que ese niño solía aparecer ahí, de la nada, sin emitir palabra, mirando a los visitantes del cementerio.

-A la mejor quiere tantita luz.

La señora tomó el comentario de manera literal y metafórica y pocos días después compró una veladora y se la llevó al niño de la cruz rota que la miró con insistencia días antes. Ahí la dejó, tantita luz de vela, a guisa de luz eterna.

Aunque la señora ha vuelto cada aniversario luctuoso y cada día de Todos Santos al cementerio, no volvió a toparse con el pequeño. Quizá esa luz le ayudó a irse al más allá.